
Cuando esté convaleciente procure que durante el día esté entretenido para distinguir entre la noche y el día. Si no ha visto la televisión, déjele que la vea un rato antes de acostarlo. Después léale un cuento para tranquilizarlo, como haría siempre.

Tampoco hay nada sacrosanto en los dormitorios. Una de las medicinas más poderosas es verla y oírla a usted y la tranquilidad que le aporta, de modo que un niño enfermo estará mucho mejor solo por estar cerca de usted. Si es posible, coloque un sofá o un sillón cómodo en la habitación en la que está para que pueda quedarse con usted. Así, el niño tendrá la oportunidad de ver, hablar y distraerse con cualquiera que vaya a la casa en lugar de estar aislado del resto de la familia en su dormitorio.