
En estos meses, las palabras de acción adquieren importancia. El niño comprenderá “arriba” y “abajo”, y puede ser que al año, las use para comunicaros que quiere estar en el suelo o en brazos. Pasará casi otro año antes de que el niño pueda combinar dos palabras un objeto y un verbo, pero ahora ya comprende vuestras palabras. Este es un caso más de reacción retardada, es decir, nueva evidencia en el comportamiento del niño de experiencias de meses anteriores. El lenguaje del niño es lo que se denomina “receptivo”. Esto significa que se oyen y entienden palabras en la secuencia de oraciones, si son simples y están relacionadas con objetos visibles.
El lenguaje expresivo la propia habla del niño-aparece varios meses después del receptivo, durante el segundo año y, especialmente, el tercer año de vida. Pero el expresivo no será tan rico y copioso como debiera ser si durante el primer año no tienen lugar muchas acciones y familiaridad con palabras en acción. Los bebés aprenden mucho de la gente, la vida y las palabras antes de que puedan demostrar lo que realmente saben.
febrero 26th,2009
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Esta experiencia puede llevaros una media docena de intentos, pero ayuda al niño a expresar su tensión por medio de un llanto de verdad (con lágrimas) y/o de furia. Luego, el niño puede relajarse en vuestros brazos.
El niño “endurecido” o “rígido”, el que trata de soltarse del contacto con los demás, puede recibir ayuda con el siguiente procedimiento: pasad cinco o diez minutos con el niño de pie, es decir, alzando al niño por debajo de ambos brazos y manteniéndole la cabeza ligeramente hacia delante; se le hace mover de arriba hacia abajo, de un lado a otro en el espacio mientras lo tenéis frente a vosotros. Son-reídle. La mayoría de los bebés no pueden resistir este tipo de estimulación. Incluso en medio de una pataleta de furia, empiezan a sonreír y a resoplar alegremente. Con perseverancia en esta clase de ejercicios y haciéndolos siempre que queréis acunar al niño en vuestros brazos y le encontráis rígido, lograréis que relaje los músculos y se tranquilice.
Algunos bebés presentan formas tan extremas de tensión muscular que el alivio producido por risas y sonrisas sólo es temporario. Si os encontráis con este caso, podéis moverle el cuerpo como si se tratara de un acordeón, es decir, podéis abrirle y cerrarle los brazos y las piernas suave y rítmicamente. Lo más posible es que el niño se enfade y berree, pero esto llevará al relajamiento y a una situación cariñosa. Cuando empieza a lloriquear, ayudadle cogiéndole en una postura cómoda y asegurándoos que no tiene cruzadas las manos ni los pies, ni que se tocan entre sí. Por lo general, el niño rígido junta las manos o cruza las piernas. Una vez más, con perseverancia, se le reduce la rigidez; el niño se vuelve más sociable -comprobaréis un comportamiento de su parte más risueño y cariñoso-, y, en consecuencia, empieza a disminuir la necesidad de esta clase de procedimientos. El bebé responde entonces a prácticas e interacciones normales con sus padres.
diciembre 31st,2008
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