
En estos meses, las palabras de acción adquieren importancia. El niño comprenderá “arriba” y “abajo”, y puede ser que al año, las use para comunicaros que quiere estar en el suelo o en brazos. Pasará casi otro año antes de que el niño pueda combinar dos palabras un objeto y un verbo, pero ahora ya comprende vuestras palabras. Este es un caso más de reacción retardada, es decir, nueva evidencia en el comportamiento del niño de experiencias de meses anteriores. El lenguaje del niño es lo que se denomina “receptivo”. Esto significa que se oyen y entienden palabras en la secuencia de oraciones, si son simples y están relacionadas con objetos visibles.
El lenguaje expresivo la propia habla del niño-aparece varios meses después del receptivo, durante el segundo año y, especialmente, el tercer año de vida. Pero el expresivo no será tan rico y copioso como debiera ser si durante el primer año no tienen lugar muchas acciones y familiaridad con palabras en acción. Los bebés aprenden mucho de la gente, la vida y las palabras antes de que puedan demostrar lo que realmente saben.
febrero 26th,2009
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Los niños aprenden palabras de sus padres y de otra gente y las aprenden mediante la acción con esa gente y con objetos. El ping pong nuestro y la pasión son los medios principales de la evolución verbal. Las palabras se aprenden porque son usadas por la familia cada día y de distintas maneras. El bebé no aprende que un objeto se llama “muñeca” porque vosotros se lo repetís como en un ejercicio escolar. No tomáis asiento durante diez minutos cada día y le decís, “Esto es una muñeca. Ahora di muñeca”. Sin duda que no. No esperáis hasta que el niño dice “muñeca” y entonces le sonreís y le dais algo para comer como premio. El niño aprende la palabra “muñeca” cogiéndola, mirándola; la aprende cuando le pedís que os la pase, cuando se le cae o la tira o la mima, y porque vosotros la llamáis “muñeca” y por el nombre que tenga cada vez que estáis con el niño y ese juguete.
Por esa misma razón, el año que vienen lo más probable será que el niño hable de objetos mani-pulables y orientados a la acción, o de cosas con vida, en vez de objetos inmóviles como mesa, paredes, suelo, a los que siempre ha estado expuesto, pero a los que no puede manipular.
febrero 25th,2009
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El cuidado ideal del infante de menos de un año está basado en una relación de uno a uno. El niño necesita una continuidad de cuidado de parte de una persona cariñosa y las respuestas apropiadas para estimular su desarrollo. Muchas situaciones de cuidado diurno no pueden brindar esta relación de niño-adulto. Incluso cuando existe una proporción cercana al uno-por-uno, puede faltar continuidad suficiente de cuidado y estímulo.
Si buscáis una persona que vaya a vuestra casa a cuidar al niño, no tratéis de ligar esta actividad con el servicio doméstico. El cuidado del niño en vuestra ausencia debe ser un trabajo de dedicación exclusiva, no un apéndice de la limpieza de la casa.

Esta experiencia puede llevaros una media docena de intentos, pero ayuda al niño a expresar su tensión por medio de un llanto de verdad (con lágrimas) y/o de furia. Luego, el niño puede relajarse en vuestros brazos.
El niño “endurecido” o “rígido”, el que trata de soltarse del contacto con los demás, puede recibir ayuda con el siguiente procedimiento: pasad cinco o diez minutos con el niño de pie, es decir, alzando al niño por debajo de ambos brazos y manteniéndole la cabeza ligeramente hacia delante; se le hace mover de arriba hacia abajo, de un lado a otro en el espacio mientras lo tenéis frente a vosotros. Son-reídle. La mayoría de los bebés no pueden resistir este tipo de estimulación. Incluso en medio de una pataleta de furia, empiezan a sonreír y a resoplar alegremente. Con perseverancia en esta clase de ejercicios y haciéndolos siempre que queréis acunar al niño en vuestros brazos y le encontráis rígido, lograréis que relaje los músculos y se tranquilice.
Algunos bebés presentan formas tan extremas de tensión muscular que el alivio producido por risas y sonrisas sólo es temporario. Si os encontráis con este caso, podéis moverle el cuerpo como si se tratara de un acordeón, es decir, podéis abrirle y cerrarle los brazos y las piernas suave y rítmicamente. Lo más posible es que el niño se enfade y berree, pero esto llevará al relajamiento y a una situación cariñosa. Cuando empieza a lloriquear, ayudadle cogiéndole en una postura cómoda y asegurándoos que no tiene cruzadas las manos ni los pies, ni que se tocan entre sí. Por lo general, el niño rígido junta las manos o cruza las piernas. Una vez más, con perseverancia, se le reduce la rigidez; el niño se vuelve más sociable -comprobaréis un comportamiento de su parte más risueño y cariñoso-, y, en consecuencia, empieza a disminuir la necesidad de esta clase de procedimientos. El bebé responde entonces a prácticas e interacciones normales con sus padres.
diciembre 31st,2008
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