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    Estimulacion bebes

    Los niños aprenden palabras de sus padres y de otra gente y las aprenden mediante la acción con esa gente y con objetos. El ping pong nuestro y la pasión son los medios principales de la evolución verbal. Las palabras se aprenden porque son usadas por la familia cada día y de distintas maneras. El bebé no aprende que un objeto se llama “muñeca” porque vosotros se lo repetís como en un ejercicio escolar. No tomáis asiento durante diez minutos cada día y le decís, “Esto es una muñeca. Ahora di muñeca”. Sin duda que no. No esperáis hasta que el niño dice “muñeca” y entonces le sonreís y le dais algo para comer como premio. El niño aprende la palabra “muñeca” cogiéndola, mirándola; la aprende cuando le pedís que os la pase, cuando se le cae o la tira o la mima, y porque vosotros la llamáis “muñeca” y por el nombre que tenga cada vez que estáis con el niño y ese juguete.
    Por esa misma razón, el año que vienen lo más probable será que el niño hable de objetos mani-pulables y orientados a la acción, o de cosas con vida, en vez de objetos inmóviles como mesa, paredes, suelo, a los que siempre ha estado expuesto, pero a los que no puede manipular.

    Bebes 1 año

    El cuidado ideal del infante de menos de un año está basado en una relación de uno a uno. El niño necesita una continuidad de cuidado de parte de una persona cariñosa y las respuestas apropiadas para estimular su desarrollo. Muchas situaciones de cuidado diurno no pueden brindar esta relación de niño-adulto. Incluso cuando existe una proporción cercana al uno-por-uno, puede faltar continuidad suficiente de cuidado y estímulo.
    Si buscáis una persona que vaya a vuestra casa a cuidar al niño, no tratéis de ligar esta actividad con el servicio doméstico. El cuidado del niño en vuestra ausencia debe ser un trabajo de dedicación exclusiva, no un apéndice de la limpieza de la casa.

    La ingeniería del medio ambiente

    Cosas para hacer
    La ingeniería del medio ambiente

    El niño quiere moverse más en el espacio y puede alcanzar más cosas, tirar de ellas y jugar. Ya que lo más probable sea que le hayan salido uno o dos dientes, en los muebles empezarán a aparecer marcas de sus mordeduras. ¡Ni los pechos de la madre son inmunes a estos arranques! Los objetos que anteriormente terminaban en su boca añora son utilizados como calmantes de dolor o como objetos para ser mordidos. Esto significa que tenéis que volver a revisar el espacio habitacional. Revisad todo aquello a que pueda tener acceso el niño y luego determinad lo que necesita protección. Cada una de las nuevas capacidades del niño le crean el deseo de practicarla. Mediante la práctica, mejora su habilidad. Si hay libros, papeles, revistas sobre una mesa baja, se convertirán en su Objetivo. No le riñáis; retirad las cosas de ese sitio.
    Alguna gente cree que la mejor manera para
    3ue el niño aprenda el valor de la propiedad es ejarle cosas que pueda alcanzar, luego castigarle por haberlo hecho. Si bien es verdad que con el tiempo el niño aprende a dejar en paz ciertos objetos, también aprende que la exploración es peligrosa: los buenos libros no hay que tocarlos; los padres te pueden castigar. Y la Fuerza es un medio eficaz para dominar a la gente. ¿Realmente son éstas las lecciones que queréis enseñar a un menor de seis meses de edad? El control por medio del temor y el castigo tiene consecuencias más negativas que positivas. Mejor es seguir el antiguo consejo: “No nos dejes caer en la tentación…”

    Llanto del bebé

    Esta experiencia puede llevaros una media docena de intentos, pero ayuda al niño a expresar su tensión por medio de un llanto de verdad (con lágrimas) y/o de furia. Luego, el niño puede relajarse en vuestros brazos.
    El niño “endurecido” o “rígido”, el que trata de soltarse del contacto con los demás, puede recibir ayuda con el siguiente procedimiento: pasad cinco o diez minutos con el niño de pie, es decir, alzando al niño por debajo de ambos brazos y manteniéndole la cabeza ligeramente hacia delante; se le hace mover de arriba hacia abajo, de un lado a otro en el espacio mientras lo tenéis frente a vosotros. Son-reídle. La mayoría de los bebés no pueden resistir este tipo de estimulación. Incluso en medio de una pataleta de furia, empiezan a sonreír y a resoplar alegremente. Con perseverancia en esta clase de ejercicios y haciéndolos siempre que queréis acunar al niño en vuestros brazos y le encontráis rígido, lograréis que relaje los músculos y se tranquilice.
    Algunos bebés presentan formas tan extremas de tensión muscular que el alivio producido por risas y sonrisas sólo es temporario. Si os encontráis con este caso, podéis moverle el cuerpo como si se tratara de un acordeón, es decir, podéis abrirle y cerrarle los brazos y las piernas suave y rítmicamente. Lo más posible es que el niño se enfade y berree, pero esto llevará al relajamiento y a una situación cariñosa. Cuando empieza a lloriquear, ayudadle cogiéndole en una postura cómoda y asegurándoos que no tiene cruzadas las manos ni los pies, ni que se tocan entre sí. Por lo general, el niño rígido junta las manos o cruza las piernas. Una vez más, con perseverancia, se le reduce la rigidez; el niño se vuelve más sociable -comprobaréis un comportamiento de su parte más risueño y cariñoso-, y, en consecuencia, empieza a disminuir la necesidad de esta clase de procedimientos. El bebé responde entonces a prácticas e interacciones normales con sus padres.

   
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