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    Juegos bebes

    Las rutinas de la casa. Además de la crianza y de la hora ritual de juego, hay momentos en que debéis interactuar con el niño mientras estáis atareados en los trabajos de la casa. A esta edad, el niño juega a solas, pero luego se dirige a vosotros. Quizás sólo necesita una sonrisa, una palmada, un rápido beso y entonces vuelve a irse. Es parte del apego. Tiene el deseo de estar en contacto con vosotros. Esos momentos pueden ser únicamente unos pocos segundos, pero tienen su importancia.
    Esto nos retrotrae al primer mes y es un eco de las necesidades del niño de contar con adultos que le respondan. No es una necesidad que desaparece con el tiempo; sólo sucede que se satisface de forma diferente. Miraos a vosotros mismos: ¿cómo os sentís cuando gente que amáis le da prioridad a tareas o hechos impersonales (la televisión, por ejemplo) e ignora vuestra necesidad de relacionaros con ellos? Vuestro hijo, a su manera, siente lo mismo. Considerad ese tiempo como perteneciente al niño -y a vosotros-, un momento que reforzará y acentuará el apego que os tenéis.
    No hay duda de que las tareas deben ser hechas. Pero, ¿es absolutamente necesario que se hagan en este preciso instante? No malcriáis al niño si primero le respondéis y luego os ocupáis del lavado de ropa, los platos o la cena. A menos que estéis preparando una tortilla o algo por el estilo, lo demás puede esperar.

    Señales de desarrollo

    Señales de desarrollo
    El lenguaje
    La capacidad verbal del niño aún no se expresa hablando, sino escuchando y comprendiendo. Ahora entiende que las palabras poseen significados. El niño puede obedecer órdenes simples como . Dile adiós con la mano”, “Tráeme la pelota o el Juguete o la muñeca”, “Abre bien la boca”, “Ven °on mamá o con papá”. El niño también reconoce “niño bueno” o “niña buena” si se lo decís con entusiasmo después de que ha hecho algo bien.

    Cuidados fuera de la casa

    Cuidados fuera de la casa
    Ya que el niño es aún tan pequeño y vulnerable, y en estos tres meses, se ha vuelto receloso de los desconocidos, ¿cuáles son los cuidados que debéis tener fuera del hogar? El niño ha estado entre extraños, pero vosotros siempre le habéis acompañado. Una medida útil es reunirse con otros padres jóvenes informalmente en otras casas. Allí estáis con el niño, pero él puede tomar más conciencia de otros niños e interactuar con ellos y sus padres. Esto puede desembocar en arreglos para intercambiaros los niños y poder disfrutar de tiempo libre. En ese caso, el niño pasará unas horas con otros bebés y varios adultos en otra casa. Pero es necesario que aclaréis muy bien los hábitos a que está acostumbrado el niño, de modo que vuestra rutina familiar no se rompa de forma demasiado drástica.

    Actividades para niños pequeños

    Aquí entran a funcionar las diferencias de sexo. El padre, al contrario que la madre, es propenso a jugar con el niño de manera violenta y sumamente activa. La mayoría de los niños disfrutan con ello: se ríen, chillan y gritan, pero esas actividades son distintas del ping-pong. Aquí el padre es el actor; el niño es el reactor. A veces, el niño trata de continuar con esa clase de juegos: se sigue moviendo sobre la rodilla una vez que uno ha dejado de moverla. Pero aunque es divertido, esta actividad vigorosa puede excitar en demasía al niño activo. Tenéis que equilibrar estos juegos excitantes con el ritmo activo del propio niño. Los niños necesitan una mezcla de experiencias. Y esa mezcla tiene que ajustarse a lo que realmente necesita el niño.

    El niño problemático

    El niño problemático
    Algunos niños necesitan aún más ayuda para defenderse de las molestias y se han hallado varias formas útiles para solucionar el problema. Otra vez más, debéis conocer a vuestro hijo y podéis observar tanto su respuesta como la propia. Vosotros podéis saber si vuestro hijo necesita más actividad que la ya mencionada. Los dos procedimientos descritos a continuación han sido adoptados del trabajo que el psicólogo John A. B. Alian ha desarrollado con padres de bebés “problemáticos”.
    Si para el segundo mes, el niño está quejoso y especialmente irritable y parece no poder tranquilizarse en vuestra falda, entonces podéis intentar lo siguiente: cuando el niño tiene uno de esos accesos de irritabilidad, tomad asiento y cogedle con firmeza, pero dándole libertad de movimientos, en los brazos o en la falda. Es importante cogerle las manos y no dejarlas hasta que se haya tranquilizado. Si el niño se pone rígido y tenso, aumentad suavemente vuestra presión hasta que sea ligeramente superior a la del niño, de modo que sus brazos y piernas respondan doblándose ligeramente en las articulaciones y llegue a ponerse en una posición relajada. Probablemente, esto dé como resultado una reacción furiosa del niño seguida por más extensión de los miembros y más endurecimiento. Durante el ataque de rabieta, mantenedle en los brazos o en la falda y brindadle una barrera móvil contra la que descargar la rabieta. Es decir, que no uséis los brazos y las manos como una especie de camisa de fuerza para restringir los movimientos, sino que debéis mantenerlos firmes   para  brindar  una  oposición   flexible. Cuando el niño vuelva a ponerse rígido, aplicad una presión suave, pero lo suficientemente fuerte ara reducir ese endurecimiento. Lo más probable es que se produzca otro berrinche. Continuad de la misma manera. Al cabo de unos pocos minutos, es posible que el niño empiece a lloriquear.
    Ahora relajad vuestra presión y empezad a reconfortarle y a que dé rienda suelta al lloriqueo. Podéis conseguirlo por medio del tono apropiado de voz y con caricias en su mentón y en su pecho. Después del lloriqueo, el niño puede quedarse dormido un rato o permanecer contento y tranquilizado en vuestros brazos. En algunos casos, se pueden hacer varios ciclos de la combinación rabieta-lloriqueo-relajación antes de que el niño consiga una tranquilidad prolongada. Por lo general, esto se logra después de diez a treinta minutos. Es sumamente importante que se obtenga al final un estado satisfactorio de relación tranquila entre padres y el niño. Si se le coge incorrectamente (permitiendo que suelte las manos y los brazos o se aleje demasiado de vosotros), el resultado puede ser una lucha más prolongada y de menor intensidad que sólo produce un período más corto de relajamiento.

   
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