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    Juegos bebes

    Las rutinas de la casa. Además de la crianza y de la hora ritual de juego, hay momentos en que debéis interactuar con el niño mientras estáis atareados en los trabajos de la casa. A esta edad, el niño juega a solas, pero luego se dirige a vosotros. Quizás sólo necesita una sonrisa, una palmada, un rápido beso y entonces vuelve a irse. Es parte del apego. Tiene el deseo de estar en contacto con vosotros. Esos momentos pueden ser únicamente unos pocos segundos, pero tienen su importancia.
    Esto nos retrotrae al primer mes y es un eco de las necesidades del niño de contar con adultos que le respondan. No es una necesidad que desaparece con el tiempo; sólo sucede que se satisface de forma diferente. Miraos a vosotros mismos: ¿cómo os sentís cuando gente que amáis le da prioridad a tareas o hechos impersonales (la televisión, por ejemplo) e ignora vuestra necesidad de relacionaros con ellos? Vuestro hijo, a su manera, siente lo mismo. Considerad ese tiempo como perteneciente al niño -y a vosotros-, un momento que reforzará y acentuará el apego que os tenéis.
    No hay duda de que las tareas deben ser hechas. Pero, ¿es absolutamente necesario que se hagan en este preciso instante? No malcriáis al niño si primero le respondéis y luego os ocupáis del lavado de ropa, los platos o la cena. A menos que estéis preparando una tortilla o algo por el estilo, lo demás puede esperar.

    Cuidar bebes

    La conveniencia es otra buena razón para tener un medio ambiente organizado. Anteriormente, mencioné la situación alimenticia. Cubrid el suelo con algo para que no se ensucie. Os ahorrará molestias y tiempo de lavado. Cubrid los muebles con materiales de fácil limpieza de modo que no tengáis que caer en la costumbre de estar diciendo siempre que no.
    Las oportunidades para la exploración y el aprendizaje también pueden ser organizadas. Equipad el área de juego, o el sitio que sea que se use para juegos solitarios con bloques, pequeños cartones, cajas de zapatos, muñecas, latas vacías (aseguraos que los bordes son romos), recipientes y cualquier cosa que le guste al niño. Quizás hasta use algunos como sombreros. Tratad de mezclar lo viejo y lo nuevo y evitad lo que haga mucho ruido. Demasiados juguetes distraen en demasía; demasiado pocos resultan estériles. Observad al niño mientras juega, desde distancia prudencial, y luego juzgad por vosotros mismos lo que más le gusta.

    Niños pequeños

    También en estos meses, se expresan más abiertamente el amor y el cariño. El niño os abraza, pide que le lleven en brazos, os besa y acaricia. La imitación, las sonrisas y la búsqueda de intercambio social son todas las señales de que el niño goza en vuestra compañía.
    Se empieza a mostrar más curioso e interesado por juguetes nuevos. Aunque los bebés pueden ser recelosos, les atraen los juguetes nuevos. Para cuando cumplen un año de edad, disfrutan de las novedades y por lo general prefieren un juguete nuevo a uno viejo. Pero este viejo juguete bien conocido por él sigue siendo importante, en especial si se trata de un muñeco o muñeca que pueda ser transportado por el niño y con el que puede dormir. El juguete viejo le implica comodidad y el nuevo, atracción.

    Señales de desarrollo

    Señales de desarrollo
    El lenguaje
    La capacidad verbal del niño aún no se expresa hablando, sino escuchando y comprendiendo. Ahora entiende que las palabras poseen significados. El niño puede obedecer órdenes simples como . Dile adiós con la mano”, “Tráeme la pelota o el Juguete o la muñeca”, “Abre bien la boca”, “Ven °on mamá o con papá”. El niño también reconoce “niño bueno” o “niña buena” si se lo decís con entusiasmo después de que ha hecho algo bien.

    Bebes recien nacidos

    Si tenéis que usar un sitio fuera del hogar, intentad conseguir alguno que pertenezca a una cooperativa de vuestro barrio, quizás alguna fundada por un grupo informal.
    De no ser esto posible, averiguad sobre una guardería, parvulario o jardín de infantes, preferiblemente donde sólo unos pocos niños están al cuidado de una persona en la casa de esa misma Persona. En muchas situaciones y lugares, cualquiera puede organizar un parvulario de esas características aun cuando carezca de un adiestramiento básico. Tratad de hacer todas las averiguaciones posibles; mantened una entrevista con los responsables y usad vuestro instinto y vuestro sentido común.
    En otra publicación de la Oficina de Desarrollo Infantil, Familiy Day Core (Cuidado infantil familiar y diurno), Carol Seefelt y Laura L. Dittmann presentan una larga lista de preguntas relacionadas con el hogar, el cuidado diurno de padres o madres, de terceros y sobre salud y seguridad. Ellas también insisten en que se deben discutir otras opiniones sobre el cuidado infantil y en cómo saber si el niño está contento.

    Cuidados fuera de la casa

    Cuidados fuera de la casa
    Ya que el niño es aún tan pequeño y vulnerable, y en estos tres meses, se ha vuelto receloso de los desconocidos, ¿cuáles son los cuidados que debéis tener fuera del hogar? El niño ha estado entre extraños, pero vosotros siempre le habéis acompañado. Una medida útil es reunirse con otros padres jóvenes informalmente en otras casas. Allí estáis con el niño, pero él puede tomar más conciencia de otros niños e interactuar con ellos y sus padres. Esto puede desembocar en arreglos para intercambiaros los niños y poder disfrutar de tiempo libre. En ese caso, el niño pasará unas horas con otros bebés y varios adultos en otra casa. Pero es necesario que aclaréis muy bien los hábitos a que está acostumbrado el niño, de modo que vuestra rutina familiar no se rompa de forma demasiado drástica.

    Actividades para niños pequeños

    Aquí entran a funcionar las diferencias de sexo. El padre, al contrario que la madre, es propenso a jugar con el niño de manera violenta y sumamente activa. La mayoría de los niños disfrutan con ello: se ríen, chillan y gritan, pero esas actividades son distintas del ping-pong. Aquí el padre es el actor; el niño es el reactor. A veces, el niño trata de continuar con esa clase de juegos: se sigue moviendo sobre la rodilla una vez que uno ha dejado de moverla. Pero aunque es divertido, esta actividad vigorosa puede excitar en demasía al niño activo. Tenéis que equilibrar estos juegos excitantes con el ritmo activo del propio niño. Los niños necesitan una mezcla de experiencias. Y esa mezcla tiene que ajustarse a lo que realmente necesita el niño.

    Autoestimulación

    Ya que chupar y usar la boca son tan naturales para los niños, parece existir poca razón para que los padres se la pasen sacándoles los dedos de la boca a sus hijos o diciéndole, “No, no” y enfadándose. La actividad bucal seguirá durante este período y persistirá bastante tiempo. Si la consideráis como parte del desarrollo del niño, algo que una vez satisfecho será abandonado en aras de posteriores y mejores medios de aprendizaje y comodidad, podéis quedaros tranquilos. A nadie se le ocurriría prohibir que un niño gatease porque teme que el gozo que le proporciona el gatear luego no le permitirá jamás ponerse de pie y caminar. Sabéis que todos los bebés superan el gateo y que representa un estadio fundamental para aprender a caminar. Considerad la actividad bucal de la misma manera: como un paso necesario que satisface las necesidades del niño. Observad a los adultos: ellos también usan la boca de mil maneras, aunque ningún adulto (al menos que yo conozca) aún se sigue chupando el pulgar.
    Cuando están molestos, los niños se rascan, frotan, pinchan y pellizcan la propia piel. Cuando están con mucha hambre o agotados a menudo se rascan o frotan. Y mientras lo hacen, patalean y están inquietos. No está claro porqué sucede esto, pero ciertamente no promueve ninguna calma. Parece ser que cuando están muy incómodos o doloridos, hasta los adultos tienden a lastimarse. Escomo si el dolor inducido por uno mismo de algún modo minimizara y disminuyera el dolor que no se puede controlar.

    De tres a seis meses

    La segunda mitad de los primeros seis meses representa un período de crecimiento vertiginoso de la conciencia que el niño va tomando del mundo, y de su capacidad para maniobrar en él y de comunicarse con él. El crecimiento cerebral es rápido, de modo que el niño aprende muchas otras cosas en estos tres meses.
    Una forma de mirar lo que ocurre en ese período es usar la palabra “dominio”. El niño utiliza estos meses y, por supuesto, los siguientes, para obtener un dominio más firme tanto de su cuerpo como de su medio. Las acciones se vuelven más controladas; podréis observar una planificación primitiva, en vez de meras reacciones al entorno inmediato o a las necesidades corporales de comida y comodidad.
    En otras palabras, vuestro niño se convierte en una persona más organizada, capaz de hacer que sus piernas y brazos empiecen a obedecer lo que él/ella quiere que hagan. Ahora los bebés son más capaces de estimularse a sí mismos, más capaces de percibir por medio de los ojos y los oídos lo que está sucediendo a su alrededor. A fines de los primeros seis meses de vida, el niño ya es más capaz de moverse con su propia fuerza motriz. El ritmo, sin duda, es diferente para cada niño y por esa razón, este libro no presenta cartas de progreso semanal. No uséis las fases de crecimiento que aquí describo como normas cronológicas, sino simplemente como guías.
    Y recordad que existe toda otra área de aprendizaje. Se trata de que el niño aprende a sentirse bien o mal acerca de otra gente y de sí mismo. Cuando el niño supera un hito -como, por ejemplo, ponerse sólo de espaldas o gatear o sentarse, todo lo cual le proporciona mucha más libertad para ver y hacer-, ¿cómo le respondéis? ¿Qué podría suceder si le ignoráis el logro o le hacéis saber que no tiene importancia y que esperabais más de él o que lamentáis que se aleje de vosotros? ¿Ojié pasaría si no le brindáis experiencias nuevas que él/ella pueda llevar a cabo? Vuestra actitud de falta de respuesta o de respuesta negativa inhibiría su práctica de nuevas habilidades y la alegría que implican. Parte de la diversión de realizar cosas nuevas es oír los aplausos de la multitud. Shakespeare nos enseñó que “todo el mundo es un escenario”. El bebé se ve a sí mismo como una estrella y requiere la atención y el aplauso. Vuestro entusiasmo le ayudará a crear su propia autoestima. Del mismo modo que necesitaba (y aún necesita) una respuesta a sus llamadas de socorro, ahora también necesita una respuesta a sus nuevos éxitos.

    El niño problemático

    El niño problemático
    Algunos niños necesitan aún más ayuda para defenderse de las molestias y se han hallado varias formas útiles para solucionar el problema. Otra vez más, debéis conocer a vuestro hijo y podéis observar tanto su respuesta como la propia. Vosotros podéis saber si vuestro hijo necesita más actividad que la ya mencionada. Los dos procedimientos descritos a continuación han sido adoptados del trabajo que el psicólogo John A. B. Alian ha desarrollado con padres de bebés “problemáticos”.
    Si para el segundo mes, el niño está quejoso y especialmente irritable y parece no poder tranquilizarse en vuestra falda, entonces podéis intentar lo siguiente: cuando el niño tiene uno de esos accesos de irritabilidad, tomad asiento y cogedle con firmeza, pero dándole libertad de movimientos, en los brazos o en la falda. Es importante cogerle las manos y no dejarlas hasta que se haya tranquilizado. Si el niño se pone rígido y tenso, aumentad suavemente vuestra presión hasta que sea ligeramente superior a la del niño, de modo que sus brazos y piernas respondan doblándose ligeramente en las articulaciones y llegue a ponerse en una posición relajada. Probablemente, esto dé como resultado una reacción furiosa del niño seguida por más extensión de los miembros y más endurecimiento. Durante el ataque de rabieta, mantenedle en los brazos o en la falda y brindadle una barrera móvil contra la que descargar la rabieta. Es decir, que no uséis los brazos y las manos como una especie de camisa de fuerza para restringir los movimientos, sino que debéis mantenerlos firmes   para  brindar  una  oposición   flexible. Cuando el niño vuelva a ponerse rígido, aplicad una presión suave, pero lo suficientemente fuerte ara reducir ese endurecimiento. Lo más probable es que se produzca otro berrinche. Continuad de la misma manera. Al cabo de unos pocos minutos, es posible que el niño empiece a lloriquear.
    Ahora relajad vuestra presión y empezad a reconfortarle y a que dé rienda suelta al lloriqueo. Podéis conseguirlo por medio del tono apropiado de voz y con caricias en su mentón y en su pecho. Después del lloriqueo, el niño puede quedarse dormido un rato o permanecer contento y tranquilizado en vuestros brazos. En algunos casos, se pueden hacer varios ciclos de la combinación rabieta-lloriqueo-relajación antes de que el niño consiga una tranquilidad prolongada. Por lo general, esto se logra después de diez a treinta minutos. Es sumamente importante que se obtenga al final un estado satisfactorio de relación tranquila entre padres y el niño. Si se le coge incorrectamente (permitiendo que suelte las manos y los brazos o se aleje demasiado de vosotros), el resultado puede ser una lucha más prolongada y de menor intensidad que sólo produce un período más corto de relajamiento.

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