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    Los niños perdidos

    Es mejor prevenir que buscar:
    Los imprevistos existen, y por algo se llaman así, suceden en el momento más inesperado. Para evitar que nuestro hijo se pierda (un imprevisto, al fin y al cabo), pongamos en práctica las siguientes estrategias:
    Anticiparse a la situación:
    Antes de entrar en un lugar desconocido indiquemos al chiquito dónde podemos reunimos en caso de extravío. Los puntos de referencia serán fáciles de localizar y recordar por el pequeño: una torre, un muñeco grande, el puesto de helados, una estatua…
    Identificar las zonas de riesgo:
    Extrememos la vigilancia en los lugares más proclives a este tipo de percances, como grandes supermercados, shoppings, plazas y áreas de juego, zonas con aglomeraciones (aeropuertos, estaciones de tren…) o espacios con estímulos visuales muy similares (la playa, la pileta).
    ¿Qué harías si…?:
    Indicarle qué puede hacer si se pierde es clave. Lo adecuado es que permanezca quieto durante unos minutos hasta que vayamos a buscarlo y, si nosotros no aparecemos, que se dirija al punto de encuentro acordado (siempre que conozca el camino). Conviene dejarle muy claro que, si no sabe dónde ir y da vueltas sin rumbo, será mucho más trabajoso encontrarlo.
    Con ayuda extra:
    Si el lugar cuenta con altoparlantes, debe conocer que puede dirigirse al mostrador y explicar que se ha perdido para que repitan su nombre por los altavoces, o bien recurrir a determinadas personas uniformadas (policía, vendedores.. ra que lo ayuden.
    ¿Sabe orientarse?
    Enseñarle es una tarea bastante sencilla que incluso se le puede plantear como un juego. Animémoslo a que repare en los elementos estables de los trayectos habituales que puedan servirle de referencia: una estación de servicio o panadería, una estatua, el quiosco… Cuando paseemos con él, instémoslo a que se fije en el nombre de las calles. También podemos inventar un juego para encontrar una calle en el barrio donde residimos, y jugar a hacer recorridos alternativos a los que seguimos en forma rutinaria.
    Datos personales:
    Es bueno que memorice su teléfono y dirección (a esta edad ya están capacitados para eso). Aunque la mayoría de los extravíos no pasan de un pequeño susto, el conocimiento de estos datos resulta de gran utilidad cuando tardan en encontrar a los padres.
    Ensayar la situación:
    Al escenificar un extravío y representar una circunstancia que pueden vivir en un momento dado, los chicos pierden el miedo, desarrollan nuevos recursos y ganan seguridad.
    Cuentos y relatos:
    En muchos de los cuentos tradicionales aflora el temor infantil a perderse (Pulgarcito, Hiinsel y Gretel…) y aparecen recursos para resolverlo. Es útil leerle o inventar el relato de un niño que se extravía y, al final, encuentra a sus padres.
    Fomentar su sociabilidad:
    Procuremos que nuestros hijos establezcan desde chiquititos relaciones con otros niños y adultos fuera del entorno familiar. Cuantos más ambientes conozcan, más tácticas desarrollarán para salir airosos de un apuro.
    Esto no significa que tengan que confiar en todo el mundo, sino saber a quiénes pueden recurrir en busca de auxilio: conserjes, porteros, personal de seguridad, pequeños comerciantes, padres o abuelos con niños pequeños…
    También hay que hacerles entender que no deben aceptar bajo ningún concepto regalos de extraños y, mucho menos, acceder a subirse al vehículo de un desconocido.

   
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