Masaje cardíaco
Debe iniciarse sin pérdida de tiempo en un niño en quien no se palpa el pulso o no se escuchan los latidos cardíacos. Si además no respira, se practicará la reanimación car-diorespiratoria en forma simultánea. Aplicar compresiones con los dedos (en los bebés) y con la palma de la mano (en los más grandes) sobre la punta del esternón (hueso que une las costillas en el centro del cuerpo). La presión debe ser lo suficientemente intensa como para que el corazón reciba el estímulo, pero hay que tener cuidado de no ser demasiado enérgico, ya que se lo puede dañar. Establecer una secuencia en la que, después de cinco masajes cardíacos, a través de la respiración artificial, reciba aire en sus pulmones.

