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    La llegada del bebé, preparar al hermano…


    Como mínimo, procuremos efectuar el traslado entre 15 y 30 días antes del parto. La madurez del chico debe ser especialmente enfatizada (“Las cunas son para los bebés no para los nenes grandes”). En todo momento evitaremos transmitirle el mensaje de que tiene que renunciar a ese muéble que tantas connotaciones afectivas posee para él porque lo necesita el otro hijo que viene en camino (se sentiría desplazado).
    Coincidiendo con la noche del cambio podemos desarmar la cuna y guardarla donde no pueda verla. Con algunos chicos funciona bien este truco; como no ven, no se acuerdan tanto de ella.
    Si preferimos no desarmarla porque volveremos a necesitarla pronto para el her-manito, a veces, da resultado llenarla de muñecos. De esta forma reforzamos ante nuestro hijo la idea de que las cunas son para los bebés y no para los niños más grandes como él.

    La llegada de un hermanito

    La llegada de otro miembro a la familia es también una causa importante para cambiar al pequeño. Si la cuna se necesita para el nuevo bebé, es lógico que el mayor se instale en una cama…, siempre que el primero no la precise también y consideremos que está en condiciones de asumir el traslado sin traumas.
    Pero hasta qué punto puede ser complicado acostumbrar al chico a su nueva ubicación. En realidad no tiene por qué ser un paso difícil. Sin embargo, sí es cierto que para algunos chicos resulta menos confortable dormir en una cama, porque se trata de un espacio más amplio y sienten que se reduce la sensación de cobijo que les ofrece la cuna.
    En determinadas ocasiones pueden también manifestar cierto estrés si relacionan la pérdida de la cuna con otra pérdida mucho más importante para ellos: la de su status como bebé.
    No obstante, muchas veces los padres se llevan la agradable sorpresa de que el pequeño acepta con naturalidad su nueva situación. Esto es más frecuente cuando los papas le plantean el cambio como una consecuencia de su madurez. Para conseguirlo podemos iniciar una conversación casual y decirle algo así: “Te estás haciendo grande y necesitas una cama adecuada. Vamos a comprar una parecida a la de papá y mamá para ponerla en tu cuarto.” Se trata de no dar al acontecimiento un sentido de pérdida, sino de celebración.
    Se sentirá más involucrado en la mudanza si le ofrecemos la oportunidad de acompañarnos a comprar el colchón, elegir los colores de las sábanas y la colcha, decidir en qué zona de la habitación se instalará el mueble… Y le gustará saber dónde colocaremos su juguetero o cuánto espacio libre tendrá para jugar.
    Si la razón por la que cambiamos al pequeño de la cama es el nacimiento de un hermanito, conviene que realicemos la mudanza con suficiente anticipación para que la fecha no coincida con la llegada del nuevo huésped.

   
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