
Los niños son grandes imitadores y, como los malos de las películas a menudo se representan más atractivos que los héroes, los niños tienden a identificarse con ellos. La televisión puede presentar modelos de comportamiento de los dos sexos, y por roles y profesiones. Esto también despierta expectativas parecidas en los niños, que no son siempre las mejores.
Si los niños están realmente interesados en programas que han visto, querrán descubrir más leyendo o preguntando a los adultos sobre el tema.

Si un niño ve demasiados programas donde aparecen crímenes, torturas y crueldad, su sensibilidad hacia la violencia puede disminuir y la aceptará como un comportamiento normal. Se estudiaron dos grupos de niños sobre los efectos de la violencia en la televisión. Uno veía programas violentos, el otro no. Los estudios demostraron que los niños que veían los programas violentos eran mucho más agresivos, tanto con otros niños como con los juguetes, que los niños que no los habían visto.

La televisión interrumpe las conversaciones y otras interacciones sociales en la familia. A menudo los personajes de la televisión se presentan como estereotipos exagerados y los niños acaban pensando que las personas de un grupo dado tienen las mismas cualidades que las personas retratadas en la pantalla y esto influye en su actitud hacia ellos.

Pero si los ve con otros niños que los comentan, o con un adulto que hace preguntas y observaciones, el programa puede ser un trampolín de ideas y discusiones. Algunos padres dejan que la televisión interfiera con la comida y con la rutina de acostarse, y eso provoca malas digestiones y niños cansados. Ver la televisión puede reducir otras actividades, sobre todo jugar al aire libre y jugar con otros niños; puede dejar poco tiempo al juego creativo. 1 La televisión presenta a menudo información de forma más estimulante que los libros y los maestros.

Algunos bebés empiezan a ver la televisión cuando todavía están en la cuna. Los padres consideran la televisión un canguro que mantiene entretenidos a los niños. Para muchos niños la televisión es más popular y consume más tiempo de juego que ninguna otra actividad. Estas son algunas de las conclusiones obtenidas sobre la televisión. La televisión es muy poco útil cuando se deja solo al niño viéndola. Aunque vea programas educativos obtendrá menos de ellos si los ve de una forma totalmente pasiva.

Cuente botellas y tarros y clasifíquelos por grupos como dos botellas, tres latas y cuatro paquetes. Escriba números en hojitas de papel y ayude al niño a numerar grupitos de juguetes, por ejemplo, tres pelotas, cinco bloques, siete animales de granja. Cuando salgan a pasear cuente el número de casas o puertas, árboles en el jardín o patos en un estanque.

Aprender los números
Aproveche siempre la oportunidad de contar mientras hace tareas de rutina. Por ejemplo cuente uno, dos y tres mientras abrocha los botones de la trenca o la chaqueta de su hijo, o cuando le lava las manos o los pies. Ayúdele a aprender los números contando cosas mientras compra.

Juegos para compartir
Ayude a los niños a aprender a compartir animándoles a jugar ¡untos. Si no, puede iniciar juegos gue supongan dar cosas a los demás.

En casa y en la escuela los niños aprenden cuáles son los papeles aceptados generalmente para los diferentes sexos. Saber lo que son, aceptarlo y asumir su papel son cosas diferentes. Poco después de unirse a un grupo de juego, el niño aprende que tiene que asumir ese papel si quiere ser un miembro aceptado del grupo. Tal vez sea en ese grupo donde su hijo encuentre los criterios morales más rígidos que experimentará jamás. No hay nada como un grupo de niños jugando para fomentar el desarrollo de rasgos de personalidad deseables. Con el contacto con amigos, su hijo recibirá lecciones cada día sobre ser generoso, sincero y colaborador, cómo ser un niño agradable y caer bien a los demás.

Aprender con el juego
No hay ninguna etapa en la vida del niño pequeño en la que el juego no contribuya a su desarrollo. Muy a menudo las necesidades y los deseos de su hijo pueden satisfacerse con el juego cuando no pueden satisfacerse de ninguna otra forma. Por ejemplo, un niño que es incapaz de ser un líder en la vida real puede obtener gran satisfacción siéndolo de sus soldados o tribu de indios o vaqueros. Para muchos niños, el juego es experimentación. Practicando el ensayo y error, su hijo puede descubrir que crear algo nuevo, algo que no ha visto o hecho antes, puede ser muy satisfactorio. Una vez satisfecho su interés creativo en el juego, puede transferirlo al mundo real.