
Si nuestro hijo está abatido (con fiebre, postración, distensión de la fontanela si es muy pequeño), los vómitos salen bruscamente y los lanza lejos, lo mejor es que lo llevemos a una guardia médica. Podría sufrir una inflamación de las meninges, enfermedad que requiere un tratamiento inmediato. Pero, de todas las causas de los vómitos, ésta es la menos común.

Diarrea por salmonella
Las diarreas causadas por salmonella son bastante comunes en los chicos. Esta bacteria llega al intestino a través de determinados alimentos -de origen animal- poco cocinados, como el pollo, las carnes rojas, los huevos, la leche no pasteurízada o el agua no dorada, o por el contacto con otros alimentos contaminados
La bacteria se transmite por alimentos y agua contaminados.
por una persona infectada. Los niños o adultos también pueden actuar como transmisores cuando sufren diarreas o en período asintomático (mientras queda alguna bacteria en su intestino) si no se lavan las manos después de ir al baño. No se puede saber cuándo desaparece la salmonella del organismo. Es un proceso lento, pero al final las defensas del chico terminan por eliminarla. En general, los más pequeños tardan un poco más porque suelen tener menos defensas.
No conviene aplicarle ningún tratamiento, mucho menos a base de antibióticos. Estos fármacos sólo están indicados cuando la infecdón se complica, el bebé es muy chiquito o está espedalmente bajo de defensas, dado que pueden retrasar la eliminadón de la bacteria.
Estos fármacos sólo están indicados cuando la infecdón se complica, el bebé es muy chiquito o está espedalmente bajo de defensas, dado que pueden retrasar la eliminadón de la bacteria.
Puede producir intolerancia a la lactosa. El pediatra recomendará a los padres que lleven las heces de su hijo a analizar cada cierto tiempo hasta que la bacteria haya desaparecido definitivamente. La salmonella provoca, a veces, una intolerancia a la lactosa que se manifiesta con nuevas diarreas. Es transitoria y el niño mejora en cuanto se sustituye la leche que está tomando por una espedal sin lactosa.
La bacteria se mantiene durante un tiempo en el intestino; mientras tanto, no hay que hacer nada ni darle antibióticos.
El diagnóstico
Se realiza por medio de estudios en sangre, y el tratamiento demanda reposo y una alimentación sana hasta que el compromiso hepático se resuelva.
La hepatitis B no es tan frecuente como la A, pero dada la evolución que puede tener al derivar en un daño severo del hígado, deben tomarse todos los recaudos para evitar el contagio. Las formas crónicas pueden evolucionar a la cirrosis o a otras más graves de daño hepático, como el hepato-carcinoma, o terminar en una hepatitis fulminante.

Cuando se habla de hepatitis, la mayoría de las personas se refiere a la hepatitis A, por su mayor frecuencia de aparición. Pero en la actualidad ya se conocen y están bien definidos cinco tipos diferentes de virus (A, B, C, D y E), capaces de producir hepatitis. De todas ellas, tan sólo tres (B, C y D) pueden pasar a la cronicidad y ocasionar severas complicaciones.
La hepatitis A es la más frecuente de todas, su mayor presencia se debe a la facilidad con que se contagia y está en relación con el desarrollo socioeconómico, la higiene, el medio ambiente y la educación de la población.
El contagio se produce por la contaminación de alimentos, las manos o el agua con materia fecal de una persona infectada. Por ese motivo, como el contagio es fecal-oral (lo que contagia es la materia fecal de la persona enferma), deben extremarse las medidas higiénicas cuando se está en presencia de una persona o niño enfermo de hepatitis A.
Este tipo tiene dos formas clínicas de presentación: la más conocida, pero no la más frecuente, se la reconoce porque al enfermo se le colorean de amarillo las conjuntivas y la piel adopta también un color amarillento (de ahí el nombre de ictérica). Presenta, además, orinas oscuras (coluria) y tiene deposiciones con materia fecal clara (acolia). La otra más frecuente, anictérica, no tiene manifestaciones cutáneas de enfermedad ni la piel ni las conjuntivas se ponen amarillas, tampoco la orina y las deposiciones cambian de color.

Acueste al niño y deje una palangana a su alcance para que vomite. Dele pequeñas cantidades de líquido con frecuencia, preferiblemente agua fría. Tómele la temperatura para ver si tiene fiebre. Mantenga fresco al niño refrescándole la cara con un trapo húmedo y frío. Haga que se cepille los dientes para eliminar el mal sabor. Acuda al médico si su hijo sigue vomitando más de seis horas, si los vómitos van acompañados de diarrea o una fiebre superior a 38°C o si el vómito está acompañado de otros síntomas preocupantes, como dolor de oído. Dele al niño alimentos blandos cuando las náuseas y los vómitos hayan pasado. Reintroduzca la alimentación sólida gradualmente.

Vómitos.
Es la expulsión del contenido del estómago a través de la boca. Un bebé puede regurgitar pequeñas cantidades de leche cuajada tras una toma, pero esto no debe confundirse con un vómito. El vómito tiene muchas causas pero en la mayoría de los casos no avisa y tras un brote el niño se encuentra bien y vuelve a la normalidad.
El vómito puede ser un síntoma de un trastorno específico del estómago, como una estenosis pilórica, o un síntoma de una infección, como una infección de oído. A menudo acompaña a la fiebre, e incluso el resfriado común puede causar vómitos si su hijo traga mucha descarga nasal que le irrita el estómago. Si el niño tiene mucha tos, también puede ocurrir que vomite la comida que acaba de ingerir. Otras causas de vómito son apendicitis, meningitis, migraña, envenenamiento alimentario y mareo. Algunos niños vomitan por la excitación o la ansiedad, pero estos suelen ser niños pequeños.
Los vómitos siempre deben tomarse en serio, porque pueden causar deshidratación rápidamente, sobre todo en un bebé o un niño pequeño.

Si su hijo quiere que le eliminen las verrugas, o aparecen en una parte del cuerpo donde podrían infectar fácilmente a otras personas, intente un tratamiento para las verrugas de venta en farmacias. Funcionan con la aplicación de una solución de ácido sobre la verruga y la retirada diaria de la piel quemada. Siga las instrucciones del fabricante cuidadosamente y evite aplicar la solución sobre la piel sana. No use tratamientos para verrugas que aparezcan en la cara o los genitales, podría causar cicatrices. Acuda al médico en cuanto sea posible si no está segura de que los bultos sean verrugas. Cualquier bulto en la piel de su hijo del que no esté segura debe revisarse. Acuda al médico cuanto antes si las verrugas se multiplican o aparecen en la cara o los genitales y quiere que las extirpen.

Verrugas.
Son pequeños bultos benignos causados por un virus. Están compuestas de un exceso de células muertas que crecen en la superficie de la piel. Pueden aparecer individualmente o en un número alarmante sobre todas las partes del cuerpo, incluida la cara y los genitales. Si salen en las plantas de los pies, se conocen como verrugas plantares. El cuerpo tarda dos años en crear la resistencia al virus, y tras ese tiempo las verrugas normalmente desaparecen de manera espontánea. Las verrugas se difunden por contacto directo con una persona infectada.

Tratamiento para la varicela en niños.
Lo más importante es que impida que el niño se rasque los granos. Si no lo hace la costra puede caer y la herida infectarse y dejar una cicatriz. El mejor tratamiento es la loción de calamina, aplicada a intervalos regulares. Córtele las uñas a su hijo para reducir el riesgo de infección si se arranca las costras. Puede que le pique tanto que no pueda dormir. Dele al niño la dosis recomendada de paracetamol infantil y asegúrese de que beba mucho. Si todavía lleva pañal déjelo sin él siempre que pueda para prevenir la infección.

Varicela.
Es una infección muy común en los niños porque es una de las enfermedades infantiles más contagiosas (véase p. 340). Su hijo podrá contagiar a los demás desde uno o dos días antes de que empiece la erupción hasta que las ampollas se sequen. El virus de la varicela es un pariente cercano del que causa herpes zoster, y por eso los adultos, especialmente mayores, pueden contagiarse de herpes por un niño con varicela.
La varicela suele empezar con una temperatura de 38-39°C. Sin embargo, a los niños muy pequeños casi no les sube la temperatura; la erupción puede ser la primera señal. Puede aparecer en brotes que duran de cinco a siete días y producir una extrema comezón. Al principio las manchas son como granitos de color rojo oscuro, pero al cabo de dos horas habrán salido ampollitas encima que parecen una gota de agua. Las manchas acaban secándose y cayendo. Normalmente la erupción empieza en el tronco del niño y después se extiende a la cara, el cuero cabelludo, los brazos y las piernas. En los peores casos las manchas también aparecen dentro de la boca del niño, nariz, orejas, vagina y ano.
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