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    Asi es como juegan los niños

    ¿Por qué ansian las pertenencias ajenas?
    A los chicos, y a algunos adultos, los mueven ciertas reglas particulares: un objeto se convierte en más deseable para ellos cuantos más chicos se interesen por él. Si Iara nó hubiese tomado el triciclo, ¿a Sebastián se le habría antojado jugar con él?
    Todos los niños a esta edad ansian poseer lo que tiene otro, aunque, en realidad, lo de menos es el objeto codiciado, en el caso antes mencionado la disputa ha sido motivada por un triciclo, pero también puede tratarse de una simple figurita repetida o, incluso, de una hoja en blanco.
    ¿Quién no ha observado nunca una situación como la anterior o muy parecida? Estos problemitas están a la orden del día. Pero no todos los chicos actúan de la misma forma, depende de la manera de ser de los pequeños. Unos persiguen su objetivo de modo persistente y no dan tregua, mientras que otros comienzan a llorar ante la menor adversidad y enseguida abandonan la situación.
    Algunos padres no saben si deben intervenir o no en las pesquisas de sus hijos.
    “Los chicos tienen que aprender a resolver sus propios problemas, siempre que se trate de dos niños de la misma edad y que en la disputa no se emplee la violencia. Ellos no suelen vivir estas pequeñas contrariedades como un drama. Más bien somos los padres los que, en ciertas ocasiones, nos inquietamos y les inculcamos nuestra propia angustia. Además, aunque en algunas situaciones concretas el chico pueda sentirse frustrado por tener que ceder, la frustración forma parte de la vida. Cualquier persona para consolidarse como adulto debe aprender a renunciar, y aunque esta realidad parezca cruel, es necesaria para los pequeños, porque posibilita su crecimiento”, señala la especialista.

    Enseñar las normas sociales a nuestros hijos

    Las normas sociales se aprenden:
    A todo lo anterior se une que el niño todavía no conoce las reglas de intercambio por las que nos regimos los adultos dentro de la sociedad.
    Algunas veces, los mayores compartimos o regalamos de forma altruista por concientización social, pero esto, en realidad, no suele ser lo más usual. Más frecuente es que nuestra actitud esté motivada por causas como complacer a los seres queridos y provocar alegría a los hijos, hermanos, amigos…
    Y existe una tercera causa muy habitual: esperar que el beneficiario de nuestra acción nos devuelva el favor.
    Todos los adultos sabemos que tanto dar como recibir forman parte de un mismo juego: una persona que nunca comparte ni regala ni hace favores, termina sola, fuera de la sociedad, ya que no ha acatado sus reglas. De eso somos conscientes los adultos, pero los chicos todavía no conocen la importancia de este juego ni, mucho menos, las normas por las que se rige.
    Además existe otro factor primordial que no debemos olvidar, y es que los pequeños aún no son capaces de diferenciar entre prestar y regalar, ya que no poseen la noción de tiempo. Por lo tanto, no debemos extrañarnos si el niño se resiste con todas sus fuerzas a prestar su autito, por mucho que insistamos y le expliquemos que “sólo será un ratito”, ya que él considera que, si lo presta, lo perderá para siempre.

    Niños infantil

    Algunos padres empujan al hijo hacia la competencia. Incluso pueden llegar a juzgarle según una lista de éxitos, como si el niño no fuese una persona, sino un miembro de un equipo. Otros padres experimentan una sensación de pérdida ante el progreso de su hijo. Les gusta el niño indefenso, totalmente dependiente de ellos. Es como si el niño fuera para ellos un muñeco con el que se puede jugar, algo para ser manejado a su placer.
    Pero a partir del nacimiento, el niño es una persona por derecho propio.

    Bebe de 1 año

    Lo que vemos en este período de los nueve a los doce meses de vida es la forma en que el bebé, después de haber adquirido nuevas habilidades de movimiento, lenguaje y comportamiento social, reúne todos estos elementos en una unidad organizada y coherente. Eso es lo que quería decir el distinguido pedagogo John Dewey cuando hablaba del “niño total”.
    En este primer año de vida, vuestro hijo ha avanzado un largo camino. Tiene conciencia del mundo que le rodea, puede establecer relaciones, puede elaborar algunas ideas de medios y fines, entiende un poco el lenguaje, puede conscientemente (y con cierta planificación) utilizar su cuerpo para hacer cosas, puede moverse por sí solo, puede expresar una gama de sentimientos y puede identificar a la gente. Es un logro bastante impresionante.

    Desarrollo bebes

    Los juegos en los que vosotros y el niño os turnáis, como coger y hacer rodar una pelota de uno al otro, ahora son divertidos. Los aspectos sociales V verbales forman parte de esos juegos. Si la pelota llega a vosotros y decís, “Muchas gracias”, poco tiempo faltará para que el niño imite de algún modo esos sonidos cuando le toque su turno de recoger la pelota. Quizás hasta lo diga cuando os pasa u ofrece algo y habrá un lapso de varios meses la reacción retardada  antes de que la palabra “gracias” acabe un intercambio en vez de iniciarlo. Pero la cuestión es que la idea ya está allí.

    Evolución del pensamiento

    Evolución del pensamiento
    La evolución intelectual está involucrada en el crecimiento social y verbal. Ahora es el momento en que el niño disfruta de jugar al escondite con personas y objetos. Se trata de juegos muy eficaces porque refuerzan el concepto del niño en desarro1 lio de que algo que no se puede ver, puede estar allí (¿recordáis la permanencia de objetos?), incitan a la imitación social de vuestras acciones, y usan palabras como pistas para actuar o para anticipar la acción de los demás. Pero recordad, vuestro niño es aún bebé. Parte de la diversión es que el niño todavía no comprende que cuando se cubre los ojos y no os puede ver, vosotros lo podéis seguir viendo. Esa habilidad de ponerse en el lugar de otro, aún está distante en el futuro.

    Niños bebes

    Durante investigaciones realizadas en el Instituto para el Desarrollo de los Recursos Humanos, con mis colegas descubrimos, entre las familias con las que trabajábamos, que durante estos meses la frecuencia de nuestro llamado ping-pong era máxima. Además, la frecuencia de ping-pong que veíamos entre las treinta y siete y las cuarenta y nueve semanas de edad estaba relacionada con la actuación de los bebés, en especial las niñas, durante actividades, en las que sabían cuándo hacer algo que les indicaban las palabras pronunciadas por los adultos. ¿Por qué? Mediante un ping7pong de palabras y acciones, el niño aprende a esperar una señal para hacer algo. El niño aprende a anticipar que algo va a suceder, se prepara y entonces disfruta de haber satisfecho su expectativa. Esto ya lo veréis cuando le leáis cuentos en voz alta. Si de jáis de leer antes de terminar una oración, el niño, feliz y sin que le digáis nada, la terminará por vosotros.
    Esta capacidad de prestar atención a una señal y de anticiparse a ella no es únicamente una señal de actividad mental; también demuestra una conciencia social y una sensación de que las cosas siguen cierto orden. Son ideas muy importantes y vuestro niño de nueve a doce meses las aprende mediante el juego con vosotros.

    Desarrollo social del bebé

    Desarrollo social
    Vuestro hijo será capaz y estará dispuesto a cumplir instrucciones verbales simples, os mostrará cosas, os ofrecerá objetos, expresará deseos simples y empezará a jugar al ping-pong verbal. Estas crecientes actividades sociales están todas ligadas a su creciente habilidad verbal. Son actos del bebé, pero en parte se producen porque vosotros habéis modelado su comportamiento en los tres meses precedentes. Son prueba de que el niño ha aprendido, ha comprendido las ideas de interacción social, y puede demostrar su iniciativa.

   
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