
Cada vez más humano
De la 6a a la 8- semana
Ya te hemos contado cómo se forman los principales órganos de tu hijo, un proceso dirigido por los genes. Ahora, el embrión tiene que crecer para ascender de categoría: a las ocho semanas de vida dejará de ser embrión para convertirse en feto. ¡No te lo pierdas!
El embrión -con forma de “renacuajo”- del que te hablábamos en el primer mes de vida, evoluciona a una velocidad pasmosa y adquiere caracteres humanos con el paso de las semanas.
6a SEMANA
Las manos se definen
En este período, los brazos y las manos se desarrollan antes que las piernas y los pies. Una tendencia que se va a mantener incluso después de nacer: el bebé es capaz de agarrar objetos con mucha agilidad cuando todavía no sabe andar. Si observas la fotografía de arriba, podrás ver con claridad que la mano aparece mucho más formada que el pie. Se aprecian los cinco dedos unidos entre sí por la piel, pero, en cuestión de días, este tejido interdigital irá regresando paulatinamente. El reflejo de asir se desarrollará por completo al final del embarazo. Un último dato: aunque sus extremidades ya se perfilan, tu hijo todavía no se mueve; su inmaduro cerebro no puede transmitir mensajes al cuerpo. Lo hará en la siguiente semana.

Que notaras:
• Empezarás a sospechar que estás embarazada tras los primeros días de retraso de la menstruación.
• Ya puedes hacerte el test de embarazo, aunque los resultados no son del todo fiables, pues todavía podría salir un falso negativo.
• Aparece y se acentúa la sensación de náuseas y aumenta la tensión de las mamas.

La placenta nutre
Tu hijo se nutre a través de la placenta: un órgano redondo y aplastado adherido al útero por su cara externa. Ella es la intermediaria entre tu hijo y tú. Absorbe los nutrientes de tu sangre y se los pasa al embrión a través del cordón umbilical; el feto, a su vez, le devuelve los productos de desecho: agua y urea, anhídrido carbónico y residuos estériles, que llegan a tu torrente sanguíneo y son eliminados a través de los ríñones, los pulmones y el intestino.

5a SEMANA
Piernas y brazos
Pero ¿qué es esta cosa tan rarísima? Tranquila, futura mamá: aunque por el aspecto que presenta lo parezca, no se trata de ningún extraño animal prehistórico. De hecho, todos los embriones de mamíferos son bastante semejantes entre sí durante las primeras semanas de su existencia: prácticamente sin tronco, que es sustituido por una voluminosa cabeza acabada en una especie de cola. De lo que se deduce que no debe de ser algo demasiado estiloso.
A estas alturas del proceso de gestación, el embrión ha duplicado ya su longitud y ahora crece a razón de un milímetro por día -ahí es nada-. Los rasgos de su cara siguen sin definirse, pero, ¡atención!, ya es visible un diminuto ojo. También son evidentes ciertos abultamientos en el extremo final y por debajo de la cabeza: se trata de las incipientes piernas y de los brazos que empiezan a hacer acto de presencia. Parece que esta pequeña “cosita” que llevas dentro empieza a adquirir una forma más reconocible.

4a SEMANA
Todo corazón
Todavía no muestra rasgos faciales bien definidos y (no te vamos a engañar) se asemeja a una larva, pero tu hijo -sí, tu hijo, aunque sea diminuto y tú no sepas que existe- ya tiene corazón. Es bastante grande en proporción al resto y bombea sangre al hígado y a la aorta. Además, en los seis milímetros que mide el embrión en este momento también caben un incipiente cerebro, un esbozo de espina dorsal (que lo recorre de arriba abajo) y unos arcos branquiales que, con el tiempo, se convertirán en perfectos pulmones. Asimismo, comienzan a adivinarse las vértebras: de las d torácicas emergen las correspondientes costillas.

3a SEMANA
Los genes trabajan a tope
Implantado ya en la pared del útero, el embrión humano mide dos milímetros de largo y tiene forma de X: es alargado y cuenta con una hendidura abierta por arriba y por abajo, pero cerrada en la parte central. No es muy atractivo, pero sí maravilloso por su vitalidad y por su eficacia biológica: día a día va a tener lugar un mágico proceso de transformación dirigido por la información genética contenida en cada célula. Ellos, los genes, son los encargados de dar las órdenes para que se formen correctamente todos los órganos, tejidos, articulaciones, sistemas, músculos, huesos…
Nervios y cerebro
A partir de la capa germinal externa (la piel del embrión) se forman los nervios y el cerebro. Las células nerviosas (visibles en la foto inferior y ampliadas en la superior derecha) aparecen como unas protuberancias blancas a lo largo de todo el tubo neural (en el futuro, la espina dorsal).
El cerebro comienza a desarrollarse a partir del abultamiento superior. Esta capa externa también dará origen más adelante a la piel y a las glándulas sebáceas y a las sudoríparas.
Músculos y huesos
La capa media, no visible, es la materia prima esencial para fabricar la dermis (capa más profunda de la piel), los músculos y los huesos. Además, ya produce células sanguíneas que darán lugar a capilares, venas y arterias: una compleja red de senderos, carreteras y autopistas por donde circulará la sangre con la inestimable ayuda de su pequeño corazón, que trabaja a marchas forzadas. Los ovarios y los testículos, según el caso, y los ríñones también se formarán a partir de la mencionada capa media.
Pulmones e intestino
En la capa interna, por su parte, ya ha comenzado a perfilarse un rudimentario tubo intestinal, recubierto de membranas mucosas, que dará origen a los futuros pulmones y al tracto urinario. ¡Increíble!, ¿verdad? Pero, cierto.
Ahora, los diferentes órganos han de coordinarse; como si de piezas de una compleja y delicada maquinaria se tratase, sincronizarán sus movimientos para que el organismo funcione a la perfección. Con el fin de comprobar su correcto funcionamiento, el embrión —un poco escéptico él- los pondrá a prueba cada día, ejercitándolos para cerciorarse de que todo está desarrollándose según lo previsto

Fin del trayecto
Sexto día después de la fecundación. Ya instalado en la pared del útero (endometrio), se comenzará a desarrollar el embrión. El viaje más decisivo en la vida de tu hijo ya ha finalizado; ahora sólo hay que crecer y confiar en que mamá satisfaga todas las necesidades…

El blastocisto está aquí
Tres días de vida. El cigoto ha adquirido la consistencia de una burbuja dura -aunque hueca- de células. Justo en este instante, comienza a llamarse blastocisto. Su complejidad es creciente a partir de este momento: imparable.

Cada vez más células
Ya han pasado 40 horas desde la fecundación y la división celular lleva buen ritmo. Iniciado el proceso, la naturaleza no descansa: trabaja a todo ritmo mientras tú duermes, caminas, lees…

HAN PASADO 2 HORAS…
Nace el cigoto
Han pasado dos horas desde el gran momento, y el óvulo fecundado (ahora llamado cigoto) continúa rodeado de espermatozoides, aunque ya inútiles, que pronto morirán. En azul, cúmulos de oosporas: las células que han creado un ambiente favorable para la fecundación.