
37a SEMANA.
De brazos cruzados.
Tu hijo ha crecido tanto -mide 48 cm- y está tan gordo -pesa 2,900 kg-, que no puede moverse; sólo abre y cierra la boca y los ojos. Su postura es un tanto incómoda: con la cabeza hacia abajo, los brazos cruzados sobre el pecho y las piernas, aunque elevadas, dobladas sobre sí mismas. En estas condiciones, ¿quién no estaría deseando salir?

• Si percibes un hormigueo en las manos, acompañado de falta de sensibilidad y de movilidad, no te asustes. Esto es normal en la última etapa y se debe a la presión que ejerce la retención de líquidos en el túnel carpiano, situado en la muñeca, junto a la palma de la mano. Puedes remediarlo haciendo movimientos suaves con las manos en alto.
• Por el día, puede que notes una continua somnolencia y durante la noche, que duermas a intervalos: caes en un profundo sueño cuando te acuestas, pero a las dos o tres horas te desvelas. En esto influyen varios factores, incluidos
los psicológicos, el peso de tu barriga y el hecho de que tu bebé parece preferir las horas de la noche para estirarse.
• Podrás sentir calambres y dolores en la pelvis y en las articulaciones de caderas y piernas, debidos a la distensión de algunos ligamentos -que se están preparando para el parto-, a causa de las descargas de oxitocina de tu organismo.

¡STOP a las molestias intestinales!.
Añora el niño ocupa tanto espacio en tu abdomen que tus digestiones se resienten y puedes notar dolores y punzadas tras comer. Para evitarte molestias, no ingieras alimentos que te puedan producir gases, como coliflor, coles de Bruselas o repollo; toma con moderación legumbres y arroces y bebe mucho líquido (sin burbujas). No descuides en tu dieta los productos lácteos y los ricos en hierro (espinacas, carne roja, lentejas…).

35a SEMANA.
¡Vaya un meoncete!.
Mide 45 cm y pesa 2,400 kg y el diámetro de su cabeza es de 9,2 cm. Con lo grande que es, sus “pises” también lo son: el bebé excreta… ¡nada menos que unos 25 o 30 mi (como dos cucharadas soperas) de orina por hora! El líquido amniótico se encuentra en el interior de dos sacos -las membranas-, tan estrechamente unidos que parecen uno. Cuando se rompen, se dice que “se ha roto aguas” y con ello se inicia el parto.

34a SEMANA.
¡Ojo, es un antojo!.
La placenta ha adquirido grandes dimensiones a causa de todo lo que el feto absorbe. El niño mejora su aspecto. Poco a poco, la vérnix caseosa, una capa protectora que también desaparecerá, sustituye al lanugo o vello. Su carita es redondeada y lisa, y sus contornos, suaves. Y es que ya pesa 2,200 kg y mide 43 cm. Si es una niña, los ovarios quizás no hayan descendido al abdomen; lo harán, en muchos casos, tras el nacimiento. Además, pueden aparecerle manchas rojas en algún lugar del cuerpo -los popularmente llamados antojos o angiomas-, que se suelen borrar poco después de nacer.

33a SEMANA.
Una digestión “pesada”.
El bebé ya mide unos 42 cm y pesa, por norma general, 2,100 kg. Su principal afición en estos momentos es tragar mucho líquido amniótico y, por consiguiente, orinar mucho. El riñon, ya completamente formado, no deja de trabajar. En su intestino se va acumulando poco a poco el meconio, esa sustancia de tono verdoso oscuro, casi negro, de consistencia espesa y viscosa (formada por desechos celulares del líquido amniótico, moco y bilis), que el bebé eliminará en su primera caca.

32a SEMANA.
Huesos de acero.
Sus 1,900 kg se reparten a lo largo de un cuerpo que mide 40,5 cm. Ahora su aspecto es mucho más agradable que antes: tiene una buena capa de grasa protectora debajo de la piel y ésta presenta un color más rosadito. A través de la placenta, le llega tanto calcio que sus niveles en sangre superan los que hay en la tuya.¿A qué se debe esto? El futuro bebé necesita esa cantidad tan elevada para fortalecer y prolongar sus huesos, tanto a lo largo como a lo ancho, que no dejan de estar en plena formación.

31a SEMANA.
Adiós a los paseos.
Con 39 cm de largo y 1,700 kg no tiene espacio para hacer “alpinismo”, pasearse de un lado a otro de tu útero o juguetear con su cordón umbilical. Pero antes de quedarse inmóvil tiene que hacer una última y muy necesaria pirueta: hacer el pino. Debe terminar de prepararse, porque ahora elige la posición definitiva que tendrá en el parto: la mayoría de los bebés, por suerte, prefieren situar su cabeza hacia abajo y sus nalgas arriba.

¡Descarta problemas con la amnioscopia!
Si estando en esta avanzada etapa del embarazo tienes la mala suerte de contagiarte de una enfermedad infecciosa seria, tu médico puede prescribirte una amnioscopia para descartar que haya habido sufrimiento fetal. Este examen consiste en observar el aspecto del líquido amniótico a través de las membranas que forman el saco, introduciendo un tubo fino en el cuello del útero. Si hay sufrimiento fetal, el agua estará sucia, ya que, cuando el feto tiene problemas, su primer reflejo es la contracción del intestino y, por tanto, la expulsión del meconio. En este caso, te dejarán ingresada.

De la 31a a la 35a semana.
Ya no puede moverse; en todo caso, estirará una pierna o un brazo. Por eso, pasa el tiempo entrenando sus funciones vitales: alimentarse, hacer pis, activar el intestino… Su aspecto mejora y pierde el vello que lo cubre. ¡Se está poniendo guapo para conocerte!
El bebé ha engordado y ha crecido mucho. En esta fase ya ocupa casi todo el espacio disponible dentro de ti, se encuentra cada vez más estrecho y tiene dificultades para moverse, por lo que sus movimientos no se sentirán con tanta frecuencia como antes. Pero dentro de poco, en tan sólo unas semanas, se encontrará por fin más a sus anchas, fuera de este medio líquido que ha representado su hogar durante tantos meses.