
El afán por explorar y tocar todo (por otra parte tan sano y necesario) no es la única circunstancia que hace dificultoso el manejo de los chicos a esta edad. Existe todavía otro factor, al que llamaremos opo-sicionismo o negativismo. En algún momento, camino del segundo cumpleaños, el pequeño empezará a decir sus noes. A veces parece que se empecina con ellos, disparándolos en serie. ¿Que tiene que comerse el puré? El dice que no. ¿Que ya le toca acostarse? No y no. Nuestra paciencia se ve sometida a una importante prueba.
¿De qué extrañarse? A fin de cuentas nosotros mismos, cuando le prohibimos hacer
algo, le estamos dando el modelo a imitar. Si la mejor manera de poner límites a un chico de un año es decirle no con cariño y firmeza cuantas veces sea necesario y sin ceder a sus pretensiones si las consideramos desaconsejables o arriesgadas, ¿por qué él, que es tan buen imitador, no habría de hacer lo mismo?
Pero no sólo es una cuestión de imitación. Ahora deben aprender a ser ellos mismos, a diferenciarse de sus padres, a establecer su propia identidad. Y el primer modo que encuentra de demostrar que tiene deseos propios y diferentes de los nuestros es precisamente oponiéndose. Aunque la crisis de oposicionismo suele verse como algo característico de los dos años, son bastantes los pequeños que empiezan a manifestarla antes de cumplirlos.
A veces nos dará la impresión de que quieren hacer siempre lo contrario de lo que nosotros deseamos. Nos habíamos acostumbrado a un bebé encantador y complaciente, y nos resulta extraño encontrarnos con estas novedades.

Alimentar al niño enfermo.
No hay normas estrictas sobre la clase de comida que debe tomar el niño cuando está enfermo. A menos que el médico le indique lo contrario, puede dar al niño lo que le apetezca comer. Es el momento para relajar las reglas, dietéticas y otras. Déjele comer y beber lo que quiera, y tanto como quiera. Seguramente verá que prefiere poca cantidad, pero a menudo. Si el niño no quiere comer, no le fuerce.

Cuando esté convaleciente procure que durante el día esté entretenido para distinguir entre la noche y el día. Si no ha visto la televisión, déjele que la vea un rato antes de acostarlo. Después léale un cuento para tranquilizarlo, como haría siempre.

El niño enfermo.
Pero cuando el niño esté cansado, es hora de meterlo en la cama. No le deje solo. Pase a verle a intervalos regulares (cada media hora) y busque un rato para quedarse a jugar, leerle un cuento o hacer un rompecabezas. Si tiene más hijos, anímelos para que hagan lo mismo. Si se duerme, tóquelo para asegurarse de que no está demasiado caliente.

Tampoco hay nada sacrosanto en los dormitorios. Una de las medicinas más poderosas es verla y oírla a usted y la tranquilidad que le aporta, de modo que un niño enfermo estará mucho mejor solo por estar cerca de usted. Si es posible, coloque un sofá o un sillón cómodo en la habitación en la que está para que pueda quedarse con usted. Así, el niño tendrá la oportunidad de ver, hablar y distraerse con cualquiera que vaya a la casa en lugar de estar aislado del resto de la familia en su dormitorio.

¿Debe estar en la cama?
A menos que el médico diga otra cosa, es mejor confiar en el sentido común y en la inclinación natural del niño. Si quiere estar levantado, déjelo. Aunque tenga fiebre, déjele estar levantado si le apetece. Sin embargo, procure que tenga siempre bebidas para que no se deshidrate, que descanse cuando está cansado y que la temperatura de la habitación sea constante y cálida.

Enfermera niños.
A menudo no es la compañía de la madre lo que desean, sino el contacto físico con ella. Los bebés enfermos necesitan más cuidados, caricias y afecto de lo normal. Si le está dando el pecho, probablemente verá que el bebé quiere más tomas de consuelo. Debe procurar dárselas.

Ser la enfermera de niños.
Pocas madres se librarán de tener que hacer de enfermeras de vez en cuando: todos los niños enferman alguna vez. Sin embargo, las madres son enfermeras excelentes porque ponen la salud y el bienestar de los niños por delante de cualquier otra cosa. Muchos niños se apegan a las madres cuando están enfermos y quieren estar con ellas todo el rato.

Observe, escuche y sienta señales de respiración. Busque movimientos en el pecho y el abdomen óe su hijo; escuche cualquier sonido de respiración e intente sentirla en ía mejilla.
Si no respira, hágale la respiración artificial. Si hay alguien con usted, pídale que llame 3 una ambulancia, Si está sola, hágale la RCP durante un minuto y llame a una ambulancia.

Aplicar primeros auxilios en niños y evaluar a un niño
Descubra sí su hijo está consciente dándole golpecitos en el hombro. Llámele por su nombre. Si no responde, pida ayuda.