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    Problemas del corazon en niños

    Algo que puede ocurrir:
    Esta situación suele provocar bastante alarma entre los padres, que no acaban de aceptar la situación y piden explicaciones a los médicos, amparándose en que en las pruebas de diagnóstico prenatal que se hizo la madre durante el embarazo no se detectó ningún problema. Sin embargo, “es algo que puede ocurrir”, explica el doctor Carlos Moriera, jefe de la Sección de Cardiología del Hospital de Sant Joan de Déu de Barcelona, ya que la ecografía de control que se realiza durante el embarazo sólo permite distinguir si el corazón del feto está bien formado o no, -desde el punto de vista estructural- pero “no es una garantía o seguro de que el corazón del bebé funcione con normalidad después de nacer”, añade.
    Problemas de adaptación:
    ¿Por qué? Pues porque cuando el bebé nace, deja de recibir oxígeno de la madre por vía sanguínea directa y debe poner en marcha sus propios mecanismos para conseguirlo, es decir, el sistema respiratorio (pulmones), que debe conectar con el sistema cardiovascular (corazón, venas y arterias) para que la sangre se oxigene y llegue hasta el corazón, donde debe ser bombeada y enviada a todas las células del organismo.
    “Si esta reorganización -que los médicos engloban dentro de un proceso más amplio, denominado proceso de adaptación a la vida extrauterina- no se produce correctamente puede ocasionar desajustes funcionales, que requieren atención médica “, explica el Dr. Carlos Mortera.
    Controles habituales:
    Por este motivo, a todos los bebés que presentan un soplo se les practica una ecocardiografía. Esta prueba explora la estructura y el funcionamiento del sistema cardiovascular del bebé mediante el empleo de ultrasonidos. Es absolutamente indolora y permite confirmar o descartar si existe alguna alteración y es necesario realizar un estudio más profundo. Si es así, se practica un segundo examen mediante la introducción de un microcatéter -un tubito muy fino-que permite estudiar los flujos, la presión y la estructura interna del corazón a través de un monitor de rayos X.
    Aunque estas pruebas pueden parecer aparatosas, son muy sencillas y fiables para determinar cuál es la causa que provoca el problema.

    Combatir el estreñimiento en niños

    Combate el estreñimiento:
    Entre los seis y los doce meses es habitual que los niños padezcan estreñimiento. Si tu hijo lo sufre recuerda:
    Intenta que beba más, sobre todo agua y zumos.
    Échale unos espárragos en el puré de verduras.
    De postre, dale un par de ciruelas gordas muy maduras (sin hueso y aplastadas con el tenedor).
    No le des laxantes ni le pongas supositorios de glicerina, excepto si los receta el pediatra.
    Jamás uses el termómetro o una ramita de perejil para estimularle el ano. Podrías irritárselo.

    Proteger a los niños de la polucion

    Menos humos:
    Los niños deberían estar más protegidos frente a la polución ya que ésta les afecta mucho más que a los adultos porque respiran más aire que los mayores en relación a su peso. Según la Organización Mundial de la Salud, los gobiernos deberían tomar medidas y así poner freno a enfermedades como el asma y al aparente aumento de cánceres infantiles en Europa.

    Consejos para los padres sobre los hijos

    “Con ustedes no se puede hablar”

    Cualquier petición paterna será mejor recibida cuanto menos se parezca a una orden y más argumentada sea. Hay que respetar su individualidad y mantener un interés cordial y constante. Si imponemos por sistema nuestra autoridad o recurrimos al chantaje emocional, de la noche a la mañana se convertirán en un búnquer: blindado e inaccesible. El diálogo es siempre importante, pero ahora más que nunca.
    A la crisis adolescente hay que enfrentarse con paciencia (ración triple de paciencia). Es preciso hablar mucho con ellos y, sobre todo, saber escuchar, porque nuestros hijos tienen un montón de cosas
    que enseñarnos. En el fondo, es la etapa más interesante, satisfactoria y fructífera que viviremos con ellos. A partir de ese momento padres e hijos comienzan a tener intereses comunes, pueden compartir otros niveles de entendimiento.
    S/s irnos ustos condl «y mantenemos una actitud coherente con los valores que les hemos inculcado desde chicos, ellos podrán cue¡ Honorios, pero no¡ respetarán por la honestidad que demostramos con nosotros mismos y con los demás. Y nos mirarán con orgu-llo:”¡Estos son mis papas!”Ese momento siempre llega, pero hay que saber esperar.

    Consejos para los padres

    Un hijo que protesta es algo muy normal:
    ¿Hay que preocuparse? No, es parte del proceso de hacerse grande. Su rebelión es inevitable y, afortunadamente, pasajera. Los chicos y chicas demasiado dóciles, demasiado obedientes y angelicales son los que deben ser motivo de preocupación. Un hijo rebelde, criticón y que protesta es la imagen de un adolescente
    sano y en pleno desarrollo.
    ¿Reaccionan igual ambos sexos? Los grupos de chicas que se sientan en las escaleras del patio a contarse secretitos o las chicas que pasean cuchicheando agarradas del brazo, parecen bien diferentes del grupo de muchachos de su misma clase que juegan al fútbol o se reúnen en los centros recreativos del barrio y se comunican a los gritos. ¿Cuál es la razón? La adolescencia no sólo les llega a ellas antes y de un modo más explícito, sino que además ambos sexos pretenden acercarse el uno al otro reafirmándose en el su-
    yo propio. Ellos, en general, se prestan poco a las confidencias y expresan su independencia siendo rudos y poco expresivos, aunque entre ellos manifiesten una lealtad enternecedora, exagerada y un poco teatral. Ellas, sin embargo, intentan demostrar más madurez y se vuelven muy emocionales y sensibleras. Incluso se pueden llegar a apreciar actitudes verdaderamente sexistas en algunos de ellos, que remitirán junto con sus inseguridades y sus miedos hacia el sexo opuesto.
    Evidentemente, tampoco se puede generalizar. Hay chicos que tienen en el sexo opuesto a sus mejores amigos, y al revés. Y ambos, en eso no hay discrepancias, son iguales a la hora de reivindicar mayor libertad. Es decir, un margen más amplio para volver a casa, menos recriminaciones cuando se cuelgan del teléfono, menos criticar por criticar a sus amigos, menos meterse con su atuendo personal, menos autoridad y más negociar… ¿Protestan por protestar? Veamos

    Niño extraviado en la playa

    Si a pesar de todo se extravía:
    Es fácil perderse en la playa: arena y arena, toallas y sombrillas de colores, un montón de gente en malla… Hasta los adultos nos sentimos desorientados por unos instantes después de darnos un chapuzón. Para disfrutar de unas vacaciones libres de sobresaltos, pidamos a nuestro hijo que busque un estímulo visual que sea capaz de distinguir a distancia fácilmente (el puesto salvavidas tu quiosco de bebídas…); así podrá acudir allí si, de pronto, no encuentra a papá o mamá entre ta multitud.

    Es aconsejable:
    ■ No perder la calma. La histeria no conduce a ninguna parte (salvo a reaccionar de forma precipitada). Es más eficaz permanecer tranquilos y ofrecer una descripción precisa del chiquito.
    ■ Buscar primero donde suponemos que se ha extraviado. Si le aconsejamos que no se mueva si no nos ve, es muy probable que espere allí.
    ■ Dirigirnos al punto de encuentro acordado con él.
    ■ Solicitar ayuda en los servicios de altoparlantes o bien acudir a la autoridad más próxima (policía…) para que nos orienten en la búsqueda.

    Los niños perdidos

    Es mejor prevenir que buscar:
    Los imprevistos existen, y por algo se llaman así, suceden en el momento más inesperado. Para evitar que nuestro hijo se pierda (un imprevisto, al fin y al cabo), pongamos en práctica las siguientes estrategias:
    Anticiparse a la situación:
    Antes de entrar en un lugar desconocido indiquemos al chiquito dónde podemos reunimos en caso de extravío. Los puntos de referencia serán fáciles de localizar y recordar por el pequeño: una torre, un muñeco grande, el puesto de helados, una estatua…
    Identificar las zonas de riesgo:
    Extrememos la vigilancia en los lugares más proclives a este tipo de percances, como grandes supermercados, shoppings, plazas y áreas de juego, zonas con aglomeraciones (aeropuertos, estaciones de tren…) o espacios con estímulos visuales muy similares (la playa, la pileta).
    ¿Qué harías si…?:
    Indicarle qué puede hacer si se pierde es clave. Lo adecuado es que permanezca quieto durante unos minutos hasta que vayamos a buscarlo y, si nosotros no aparecemos, que se dirija al punto de encuentro acordado (siempre que conozca el camino). Conviene dejarle muy claro que, si no sabe dónde ir y da vueltas sin rumbo, será mucho más trabajoso encontrarlo.
    Con ayuda extra:
    Si el lugar cuenta con altoparlantes, debe conocer que puede dirigirse al mostrador y explicar que se ha perdido para que repitan su nombre por los altavoces, o bien recurrir a determinadas personas uniformadas (policía, vendedores.. ra que lo ayuden.
    ¿Sabe orientarse?
    Enseñarle es una tarea bastante sencilla que incluso se le puede plantear como un juego. Animémoslo a que repare en los elementos estables de los trayectos habituales que puedan servirle de referencia: una estación de servicio o panadería, una estatua, el quiosco… Cuando paseemos con él, instémoslo a que se fije en el nombre de las calles. También podemos inventar un juego para encontrar una calle en el barrio donde residimos, y jugar a hacer recorridos alternativos a los que seguimos en forma rutinaria.
    Datos personales:
    Es bueno que memorice su teléfono y dirección (a esta edad ya están capacitados para eso). Aunque la mayoría de los extravíos no pasan de un pequeño susto, el conocimiento de estos datos resulta de gran utilidad cuando tardan en encontrar a los padres.
    Ensayar la situación:
    Al escenificar un extravío y representar una circunstancia que pueden vivir en un momento dado, los chicos pierden el miedo, desarrollan nuevos recursos y ganan seguridad.
    Cuentos y relatos:
    En muchos de los cuentos tradicionales aflora el temor infantil a perderse (Pulgarcito, Hiinsel y Gretel…) y aparecen recursos para resolverlo. Es útil leerle o inventar el relato de un niño que se extravía y, al final, encuentra a sus padres.
    Fomentar su sociabilidad:
    Procuremos que nuestros hijos establezcan desde chiquititos relaciones con otros niños y adultos fuera del entorno familiar. Cuantos más ambientes conozcan, más tácticas desarrollarán para salir airosos de un apuro.
    Esto no significa que tengan que confiar en todo el mundo, sino saber a quiénes pueden recurrir en busca de auxilio: conserjes, porteros, personal de seguridad, pequeños comerciantes, padres o abuelos con niños pequeños…
    También hay que hacerles entender que no deben aceptar bajo ningún concepto regalos de extraños y, mucho menos, acceder a subirse al vehículo de un desconocido.

    El miedo en los niños

    Miedo al explotar un globo:

    La respuesta de tu nena ante un suceso en apariencia tan inofensivo como la explosión de un globo es comprensible. Seguramente el sonido fuerte e inesperado fuera lo que provocó esa reacción. A los chicos de esta edad los atemorizan con frecuencia hechos similares. Los miedos forman parte del desarrollo evolutivo. En el caso del globo que estalla, se asustan sobre todo porque no saben a qué atribuir ese ruido (además de sentirse frustrados al darse cuenta de que se han quedado sin globo). Otro ejemplo similar es el sonido de la aspiradora, a la que muchos niños temen porque no saben si es sólo un instrumento que sirve para limpiar o si se trata, a lo mejor, de un monstruo que va a absorberlos.

    Como prevenir la otitis

    ¿Existen, medidas preventivas?
    Procurar que los chicos se mantengan fuertes es siempre bueno: conviene sacarlos con frecuencia al aire libre y someterlos a suaves cambios de temperatura. Deben salir también cuando hace frío, bien abrigados y protegiendo la cabeza con un gorrito. Si la temperatura corporal cae por debajo de lo normal, el organismo humano es más sensible a los ataques de virus y bacterias. Ponerles algodones en los oídos, sin embargo, no tiene mucho sentido y los médicos lo desaconsejan. Ya se sabe que los gérmenes no van directamente al oído desde el exterior: pasan primero por la boca o la nariz.

    Cuidar al niño internado

    Si internan a un niño,
    ¿pueden estar los padres?
    Para un chico, el hecho de encontrarse lejos de su ambiente y rodeado de desconocidos es enormemente angustioso. Los niños no entienden qué les está sucediendo ni por qué deben quedarse en un hospital. Por eso, los centros públicos y privados permiten que sus pacientes más pequeños permanezcan acompañados de sus padres en todo momento. Ellos les proporcionan el apoyo afectivo que tanto necesitan ahora y además participan en sus cuidados e higiene.

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