
El primer paso es mostrar a nuestro hijo el resultado final, es decir, el puzzle terminado. Colocamos ante él uno sencillo (de cuatro piezas, por ejemplo) y retiramos una de ellas dejándola cerquita del lugar que le corresponde. Después le explicamos que, para completarlo y apreciar toda la imagen, tiene que poner la pieza en su lugar (“¿Ves?, si se une a las otras, ya está el puzzle completo”). Si es necesario, lo ayudaremos a encajarla y, por supuesto, elogiaremos su habilidad.
El segundo paso consiste en retirar de nuevo esa pieza y colocarla lejos del hueco que ha dejado. Después esperaremos a que complete solo el puzzle, sin incitarlo a ello.
Acto seguido, quitamos la pieza inicial y otra más. Lo ayudamos a colocar esa segunda pieza y dejamos que coloque la primera él solo (“¡Qué bien!, ¡acertaste enseguida!”). A continuación, retiramos de nuevo las dos piezas y le pedimos que las encaje. Si es preciso asistirlo, disminuyamos progresivamente nuestra ayuda. Una vez que logre hacerlo solo se pasa a la tercera pieza, después a la cuarta, siguiendo el mismo procedimiento.
Con los puzzles que siguen nos haremos una idea de la destreza de nuestro hijo en este juego. Si su edad es inferior o superior a la valorada, el grado de dificultad aumentará o disminuirá respectivamente.

Una de las actividades que no les deben fallar a los pequeños en el colegio y en casa es la composición de puzzles. Al enseñarles a encajar las piezas que componen un puzzle o un rompecabezas, facilitamos su desarrollo perceptivo, la capacidad de observar diferentes figuras, y su conjunto, desde distintos ángulos de vista. Se trata de potenciar la facultad de ver las relaciones, semejanzas o diferencias entre las distintas partes, una destreza que, en definitiva, constituye la base de la capacidad del chico para ordenar y clasificar el mundo que lo rodea.

La salud dental de los chicos es desastrosa, y el motivo no es otro que la falta de higiene (son datos hechos públicos por los odontólogos). Si nuestro hijo es de los que se resisten, no estará de más que el especialista lo instruya sobre la importancia del lavado de dientes y del modo de ejecutarlo eficazmente.
Lo mismo vale para el pediatra o el médico de familia, que puede hablarle al pequeño sobre la importancia de la limpieza y mostrarle que no es sólo una cuestión de buen aspecto, sino también de salud. Los chicos a veces son más receptivos a los consejos que vienen de afuera de la casa, y los expertos los impresionan.
Una ducha diaria es lo ideal. Refunfuñarán un poco, pero el hábito facilitará las cosas.
Darles alguna posibilidadde elección personal contribuye a que sientan que pueden —lomar algunas decisiones: Vas a ducharte antes o después de cenar?; “¿En cuál de – los dos baños?”; “¿Antes o después que yo?”.
Será mucho más fácil in-culcarles normas de higiene si les damos ocasión de vernos practicarlas (“Vamos a lavarnos todos las manos”). Y más aún si perciben que experimenta-mos”la higiene no sólo como una necesidad, sino también como un placer. Vernos salir de la ducha con cara radiante y comentando nuestra sensa-cíoñ~3é bienestar le resultará, como mínimo, intrigan-te y puede hacerle plantear-
se la higiene personal como algo muy diferente a una tediosa obligación.
A veces lo que hay en el fondo de sus reclamos y disputas por pequeñas cosas son los celos entre hermanos. Debemos darnos cuenta de que son algo natural y si sospechamos que un chico los está padeciendo en exceso, debemos arreglárnoslas para hacerle sentir nuestro cariño dedicándole tiempo y atención. Pero no permitamos que utilice los reclamos para obtener privilegios sobre sus hermanos.
Un modo de hacer ver a los hijos que las reglas son justas es predicar con el ejemplo. Será más fácil convencerlos de que hay que lavarse las manos siempre antes de comer si nosotros mismos lo hacemos en su presencia y realizamos este acto cotidiano como un ritual compartido.

Si aprenden que por cada tarea o comportamiento correcto deben recibir un regalo, no nos extrañe luego que para todo exijan un pago, como si fuese una obligación.
Una cosa es recompensarlos de vez en cuando, para mostrarles nuestro reconocimiento o hacerlos sentirse orgullosos por portarse bien (o incluso para ayudarlos a pasar un mal momento, como ir al médico o soportar una inyección) y otra bien distinta poner precio a la obediencia. Los elogios y el reconocimiento verbal por el buen comportamiento funcionan mucho mejor como premio habitual.
Aunque algunos chicos se muestren tan puntillosos como Pamela, eso no debe hacernos pensar que hay que tratar a los hermanos exactamente igual. Por ejemplo, dándoles idénticos regalos y atenciones, sobre todo si tienen edad parecida. Si a uno se le compra un helicóptero amarillo, al otro igual. Si una nena recibe un vestido, la otra lo mismo, y de ser posible idéntico. Si uno se sienta en una rodilla de papá, el otro debe sentarse en la otra…
Esta rígida uniformidad suele cosechar efectos contrarios a los pretendidos, ya que los pequeños se convierten en celosos vigilantes que se pasan el día acechándose para que ninguno obtenga más que el otro, con lo que se acentúan la rivalidad y las peleas.
Cada chico es especial y único, con sus propias características como persona. No se trata de darles a todos lo mismo, sino a cada uno lo suyo. Esto no implica conceder privilegios ni tener preferencias, sino hacer sentir a cada hijo que es único para nosotros y que lo tenemos en cuenta como individuo.

El afán por explorar y tocar todo (por otra parte tan sano y necesario) no es la única circunstancia que hace dificultoso el manejo de los chicos a esta edad. Existe todavía otro factor, al que llamaremos opo-sicionismo o negativismo. En algún momento, camino del segundo cumpleaños, el pequeño empezará a decir sus noes. A veces parece que se empecina con ellos, disparándolos en serie. ¿Que tiene que comerse el puré? El dice que no. ¿Que ya le toca acostarse? No y no. Nuestra paciencia se ve sometida a una importante prueba.
¿De qué extrañarse? A fin de cuentas nosotros mismos, cuando le prohibimos hacer
algo, le estamos dando el modelo a imitar. Si la mejor manera de poner límites a un chico de un año es decirle no con cariño y firmeza cuantas veces sea necesario y sin ceder a sus pretensiones si las consideramos desaconsejables o arriesgadas, ¿por qué él, que es tan buen imitador, no habría de hacer lo mismo?
Pero no sólo es una cuestión de imitación. Ahora deben aprender a ser ellos mismos, a diferenciarse de sus padres, a establecer su propia identidad. Y el primer modo que encuentra de demostrar que tiene deseos propios y diferentes de los nuestros es precisamente oponiéndose. Aunque la crisis de oposicionismo suele verse como algo característico de los dos años, son bastantes los pequeños que empiezan a manifestarla antes de cumplirlos.
A veces nos dará la impresión de que quieren hacer siempre lo contrario de lo que nosotros deseamos. Nos habíamos acostumbrado a un bebé encantador y complaciente, y nos resulta extraño encontrarnos con estas novedades.

Cómo organizar una fiesta que recuerden para siempre.
El secreto está en una planificación cuidadosa. Para que sea un éxito, no podemos improvisar.
Invitados
Avisar con una semana de anticipación es imprescindible para que el cumpleaños llegue a buen término. Si lo hacemos antes, ios invitados se olvidarán; y si lo dejamos para último momento, pueden tener otros compromisos. Lo primero que debemos hacer es seleccionar con nuestro hijo el número de invitados y hacer una agenda de todos los teléfonos, por si los necesitamos durante la fiesta.
Invitaciones
En cualquier papelería o shopping podemos adquirirlas, pero resulta mucho más divertido fabricarlas nosotros mismos. Si compramos cartulina de colores y la cortamos en tantos trozos como invitados haya, él puede decorarlas con un dibujo o pegar fotos que le gusten y escribir el nombre de sus amiguitos detrás. En ellas figurará el nombre del invitado, la fecha y hora de comienzo y final de la fiesta, dirección y número de teléfono. En un par de días ya podemos llamar a los padres para comprobar que todos pueden asistir.
Adornos
Caretas, serpentinas, globos… son baratos y convierten la casa en un lugar alegre y colorido. En cualquier caso, contemos con su ayuda y opinión. Si los chicos son un poco más grandes (a partir de los cuatro o cinco años), también podemos comprar una piñata, aunque, si hay diferencia de edades y tamaños entre los invitados, puede no ser una buena idea, porque los más grandes abusarán de su corpulencia. También podemos pedir a los chicos que traigan cada uno un dibujo conmemorativo del cumpleaños, para poder colgarlos por toda la casa.
Bolsitas de cumpleaños
El protagonista debe elegir cómo hacer su fiesta, pero, si es época de clases, es costumbre confeccionar paquetes de caramelos para los compañeros. Puede ser más original (y mejor para sus pequeños dientes) llenar las bolsitas con lápices, gomas de colores o pequeños juguetes. También podemos ayudar ai cumpleañero a preparar una gran torta y llevarla con platos de plástico y servilletas a la escuela. ¡Ah!: al contar, no nos olvidemos de la maestra.

Proteja bien al niño
La piel del niño pequeño se daña fácilmente con el sol. Proteja siempre al niño usando cremas, ropa de algodón y un gorro.
Sea especialmente cuidadoso con la nieve y el agua, porque reflejan la luz con fuerza.
Aplíquele protección solar de factor 15 como mínimo antes de salir, y siga aplicándolo a menudo. Use cremas a prueba de agua cuando esté bañándose o jugando con agua.

En un tiempo muy caluroso, evite sacarlo al sol entre las 11 y las 15 horas, cuando el sol está más alto.
Ponga un gorro de ala ancha al bebé y ropa ligera que le tape los hombros y el cuello, como una camisa o vestido con mangas y cuello.
Tenga presente que su hijo sigue corriendo riesgo los días nublados.
Asegúrese de que el cochecito tiene una capita ajustable o parasol para dar sombra al bebé.

CONSEJOS PARA TOMAR EL SOL
Tenga al bebé a la sombra todo el rato. No lo exponga al sol. Los bebés tienen poco pigmento en la piel, así que tienen mucha menos protección que los adultos, y la exposición a los rayos ultravioleta del sol pueden perjudicarle y provocar cáncer de piel más adelante.