El niño problemático
El niño problemático
Algunos niños necesitan aún más ayuda para defenderse de las molestias y se han hallado varias formas útiles para solucionar el problema. Otra vez más, debéis conocer a vuestro hijo y podéis observar tanto su respuesta como la propia. Vosotros podéis saber si vuestro hijo necesita más actividad que la ya mencionada. Los dos procedimientos descritos a continuación han sido adoptados del trabajo que el psicólogo John A. B. Alian ha desarrollado con padres de bebés “problemáticos”.
Si para el segundo mes, el niño está quejoso y especialmente irritable y parece no poder tranquilizarse en vuestra falda, entonces podéis intentar lo siguiente: cuando el niño tiene uno de esos accesos de irritabilidad, tomad asiento y cogedle con firmeza, pero dándole libertad de movimientos, en los brazos o en la falda. Es importante cogerle las manos y no dejarlas hasta que se haya tranquilizado. Si el niño se pone rígido y tenso, aumentad suavemente vuestra presión hasta que sea ligeramente superior a la del niño, de modo que sus brazos y piernas respondan doblándose ligeramente en las articulaciones y llegue a ponerse en una posición relajada. Probablemente, esto dé como resultado una reacción furiosa del niño seguida por más extensión de los miembros y más endurecimiento. Durante el ataque de rabieta, mantenedle en los brazos o en la falda y brindadle una barrera móvil contra la que descargar la rabieta. Es decir, que no uséis los brazos y las manos como una especie de camisa de fuerza para restringir los movimientos, sino que debéis mantenerlos firmes para brindar una oposición flexible. Cuando el niño vuelva a ponerse rígido, aplicad una presión suave, pero lo suficientemente fuerte ara reducir ese endurecimiento. Lo más probable es que se produzca otro berrinche. Continuad de la misma manera. Al cabo de unos pocos minutos, es posible que el niño empiece a lloriquear.
Ahora relajad vuestra presión y empezad a reconfortarle y a que dé rienda suelta al lloriqueo. Podéis conseguirlo por medio del tono apropiado de voz y con caricias en su mentón y en su pecho. Después del lloriqueo, el niño puede quedarse dormido un rato o permanecer contento y tranquilizado en vuestros brazos. En algunos casos, se pueden hacer varios ciclos de la combinación rabieta-lloriqueo-relajación antes de que el niño consiga una tranquilidad prolongada. Por lo general, esto se logra después de diez a treinta minutos. Es sumamente importante que se obtenga al final un estado satisfactorio de relación tranquila entre padres y el niño. Si se le coge incorrectamente (permitiendo que suelte las manos y los brazos o se aleje demasiado de vosotros), el resultado puede ser una lucha más prolongada y de menor intensidad que sólo produce un período más corto de relajamiento.

