El llanto en los bebes

El llanto es el medio de que dispone el niño para informaros de que algo está mal. ¿Qué hacer? ¿Con qué rapidez hay que reaccionar? Pronto os
Eodréis dar cuenta del significado del llanto: hambre, temperatura inadecuada, humedades. Considerad el llanto como una señal. Ya que el bebé sabe que le respondéis únicamente si nacéis algo, una mirada a la distancia para ver si todo está en orden no lleva ningún mensaje al niño. Tratad de reaccionar con suficiente rapidez, aun cuando estéis en otra habitación. Fijad un límite de noventa segundos como máximo. Pensad en la rapidez con que contestáis el teléfono: ¡en noventa segundos se producen quince llamadas!
Por lo general, la mejor respuesta es recoger y mecer al niño. Esto puede detener el llanto y en tonces, es posible que el niño abra los ojos y que os podáis mirar.
Si la calma del niño sólo es momentánea, alimentarlo es el paso siguiente (suponiendo que ya habéis investigado el estado del pañal). Si la señal se debió a eso  tal como pronto podéis predecir al conocer el ritmo del niño-, la alimentación debe ser seguida por relajamiento y sueño.
Sin embargo, algunos bebés no responden a que los cojan en brazos ni tan siquiera a ser bien arropados. Si vuestro niño está molesto y no funcionan como cura el tenerlo en brazos, la muda ni la alimentación, tratad de hacerle llegar un sonido continuo en voz baja. ¡En ciertos casos, el sonido del aspirador eléctrico les produce sueño!
Algunos bebés muestran una tendencia a responder a varias cosas al mismo tiempo: mecerlos, tenerlos en los brazos y el canto en voz baja los calma cuando están hechos al unísono. Los bebés pueden responder al ritmo de vuestra voz apenas cumplidas unas dieciséis horas desde el parto. En las anticuadas nanas y en el viejo mecer a los niños, había (y hay) muchísimo sentido común.
Una respuesta apropiada y rápida -la que detenga el llanto- calma tanto al bebé como a los padres. No significa de ningún modo malcriar al niño. Le capacita el cuerpo como fuente de señales, y, en realidad, hace disminuir su necesidad de llorar como medio de comunicación con vosotros en los meses siguientes. Empieza a crear en el niño una sensación de confianza en vosotros. No reaccionar, en vez de detener el llanto, lo aumenta en tiempo e intensidad (hasta que el bebé deja de hacerlo por agotamiento), os pone tensos a vosotros, y, por último, coloca tanto al niño como a vosotros, en campos rivales (“¡Ese bebé no me va a gobernar!”) e inicia una comunicación negativa.

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